Ahora Cath tiene que decidir si esta preparada para abrir su corazón a nueva gente y nuevas experiencias, y se está dando cuenta de que con el amor se aprende mucho más de lo que ella hubiera creído posible...

12 jul 2014

CINCO.

- Por favor, no me hagas esperar en el pasillo – dijo Levi. Cath pasó por encima de sus piernas para llegar  a la puerta.
- Tengo que estudiar.
- Reagan llega tarde, y ya llevo aquí sentado media hora. – su voz disminuyó hasta ser un susurro – Vuestra vecina, la de las botas rosas, no deja de salir para charlar conmigo. Ten piedad, por favor.
Cath le miró con el ceño fruncido.
- No te molestaré – dijo él – Sólo esperaré silenciosamente a que llegue Reagan.
Ella puso los ojos en blanco y abrió la puerta, dejándola abierta detrás de ella.
- Veo que Reagan y tú os lleváis bien – Levi se levantó y la siguió – Ambas podéis ser extremadamente bruscas, cuando queréis.
- No nos llevamos bien.
- Eso no es lo que yo he oído… Eh, ahora que comes en el comedor, ¿puedo comerme tus barritas energéticas?
- Ya te comías mis barritas energéticas – dijo Cath indignada, sentándose en su escritorio y abriendo el portátil.
- Me sentía mal haciéndolo a tus espaldas.
- Bien.
- Pero, ¿no estás más feliz ahora? – se sentó en la cama de Cath y se apoyó en la pared, cruzando sus largas piernas por los tobillos. – Yo te veo más nutrida.
- Em… ¿Gracias?
- Así, ¿qué?
- ¿Qué, de qué? – dijo ella, y él sonrió.
- ¿Puedo tomar una barrita energética?
- Eres increíble. – Levi se estiró por encima de la cama, y buscó una debajo la cama.
- Las de arándano son mis favoritas.
En realidad, Cath estaba más feliz ahora, aunque jamás se lo admitiría a Levi. Además, ser el caso de caridad de Reagan no requería mucho, sólo ir a cenar con ella y ayudarla a criticar a todo aquél que pasara cerca de su mesa.
A Reagan le gustaba sentarse al lado de la puerta de la cocina, justo donde empezaba la cola del bar. Ella lo llamaba el sitio de los desfiles, y nadie se salvaba-
- Mira – dijo la última noche – Ella es Gimpy. ¿Sabes cómo se rompió la pierna? – Cath miró arriba hacia el chico, un peligroso observador-de-culos, con el pelo desordenado y unas gafas un poco demasiado grandes para su cara.
- Probablemente tropezó con su barba.
- ¡Ha! – rió Reagan – Su novia lleva su bandeja. Sólo mírala, parece un pequeño y tímido unicornio. ¿Crees que se conocieron en un buscador de pareja de internet?
- Creo que se conocieron en Nueva York, y les costó cinco años llegar a donde están.
- Oh, Chica-Lobo a las tres en punto. – dijo Reagan emocionada.
- ¿Lleva la coleta con clips?
- No lo sé, espera… No. Maldita sea.
- De alguna forma, me gusta su coleta. – dijo Cath sonriendo a la chica gordita con el pelo negro teñido.
- Si Dios me ha puesto en tu camino para evitar que lleves una jodida coleta como esa – dijo Reagan – Acepto el encargo.
De lo que Reagan se estaba preocupando, Cath ya era extrañamente problemática.
- Es suficientemente malo que tengas posters hechos a mano de Simon Snow. – dijo Reagan la última noche, mientras se preparaba para ir a la cama. – ¿Tienes que tener posters hechos a mano de un Simon Snow gay? – Cath miró el poster sobre su escritorio en el que Simon y Baz se cogían de la mano.
- Déjales en paz – dijo ella – Están enamorados.
- Estoy bastante segura de no haber leído nada de eso en los libros.
- Cuando yo les escribo – dijo Cath – ellos están enamorados.
- ¿Qué significa que les escribes? – Reagan se aturó, poniéndose su camiseta por la cabeza – No, ¿sabes qué? Olvídalo. No quiero saberlo. Ya es suficientemente difícil mantener contacto visual contigo.
Levi tenía razón, estaban empezando a llevarse bien, porque cuando Reagan decía cosas como esa, a Cath le daban ganas de reír. Si Reagan no podía ir a cenar, Cath bajaba al comedor igualmente, y se sentaba en su mesa. Después, cuando Reagan llegaba más tarde a la habitación, si es que volvía a la habitación, Cath le contaba todo lo que se había perdido.
- El chico de las sandalias de fútbol finalmente se ha atrevido a hablar con la Lindsay Lohan Venezolana. – dijo Cath.
- Gracias a Dios – Contestó Reagan, acurrucándose en su cama – la tensión  sexual me estaba matando.
Cath no estaba segura de dónde iba Reagan las noches que no volvía a la habitación. Maybe en casa de Levi. Cath estaba mirando por encima a Levi, ahora mismo…
Aún sentado en la cama de Cath, comiendo lo que debía ser su segunda barrita energética de arándanos. Llevaba unos tejanos negros, y una camiseta también negra. Quizás Levi trabajaba en el Jardín de Olivas, también.
- ¿Eres camarero? – preguntó ella.
- ¿Ahora mismo? No.
- ¿Trabajas en el puesto de Lancôme?
- ¿Qué? – él rió.
- Estoy intentando averiguar por qué a veces vas todo de negro.
- Quizás soy gótico y oscuro. – sonrió. – Pero solo en algunos días. – Cath no podía imaginar a Levi siendo gotico y oscuro; tenía la cara más sonriente que ella había visto jamás. Su sonrisa iba de oreja a oreja, siempre. Su frente se arrugaba, y sus ojos se achinaban cuando sonreía. Incluso sus orejas se ponían en acción, se movían, como las de los perros. – O quizás es sólo que trabajo en Starbucks. – dijo él. Ella resopló.
- ¿En serio?
- En serio. – dijo él, sonriendo aún – Algún día necesitarás seguro médico, y no pensarás que trabajar en Starbukcs es divertido.
Levi y Reagan siempre hacían eso, recordarle a Cath lo joven e ingenua que era. Reagan era sólo dos años mayor que Cath. Ni siquiera tenía edad para beber. Legalmente no. No es que eso importara mucho en el campus; había alcohol por todas partes. Wren ya tenía un carnet de identidad falso.
- Puedes cogerlo, si quieres – le dijo a Cath – di que te has puesto extensiones.
Cath quería saber qué edad tenía Levi. Parecía suficientemente mayor como para poder beber, pero quizás era sólo por su pelo…
No es que Levi fuera calvo, o algo parecido a calvo, todavía; pero el comienzo de su pelo tenía un pico, y después retrocedía dramáticamente hasta las sienes. Tenía entradas. Y, en vez de dejar que su pelo cayera hacia los lados, para que no se vieran tanto, o en vez de rendirse y cortárselo muy corto, como harían la mayoría de chicos; Levi se lo peinaba recto hacia arriba, un poco hacia atrás, creando una especie de tupé descuidado. Y siempre estaba jugando con él, haciendo que se preste más atención a sus grandes y marcadas entradas. Lo estaba haciendo ahora mismo.
- ¿En qué estás trabajando? – preguntó el, pasando sus largos dedos por el pelo, y apoyando sus manos en la parte trasera de su cabeza.
- Estoy intentando estudiar, en silencio – dijo ella.



Cath sólo había colgado un capítulo de Carry On, Simon esta semana, y era la mitad de largo de lo habitual. Solía publicar algo en su cuenta de FanFixx cada noche, si no era un capítulo entero, por lo menos una entrada en el blog.
Lo comentarios en su página habían sido buenos toda la semana… “¿cómo estás?” “Esperando nuevos capítulos…” “¡¡No puedo esperar al siguiente capítulo!!” “Dios, necesito mi ración diaria de Baz.” Pero, para Cath, cada uno de los comentarios era una petición.
Acostumbraba a leer y responder cada comentario de su historia, que eran como estrellas de oro, pero nunca des de que Carry On, Simon empezó, el año pasado, había sido demasiado para Cath. Pasó de tener unos 5 centenares de votos por capítulo, a tener 5 mil. Regularmente. Después pasó a ser una de las más importantes en la mayor página de fans, Fic-sation, llamada Carry on “la historia del octavo año”, y la página de FanFixx de Cath empezó a tener 35mil votos diarios.
Ella aún intentaba responder todos los comentarios y preguntas tanto como podía. Pero ya no era lo mismo. Ya no escribía para Wren y los amigos que ellas hacían en los foros de fans de Simon Snow. Ya no eran unas cuantas chicas escribiendo historias de cumpleaños, o historias para hacer sonreír, o divertidísimas historias de hice-esto-para-haceros-reír…
Cath tenía una audiencia ahora, unos seguidores. Toda esa gente que ella no conocía, que esperaban cosas de ella y discutían sus elecciones. A veces incluso la criticaban. Se burlaban de ella en otras páginas de fans, diciendo que Cath era buena antes, pero que ahora estaba perdiendo su magia; que su Baz estaba demasiado canonizado, o no suficientemente canonizado; que su Simon era un pervertido; que elaboraba demasiado a Penélope…
- No les debes nada – diría Wren, gateando sobre su cama a las tres de la madrugada, y cogiéndole el portátil a Cath. – Vete a dormir.
- Lo haré. Sólo esto… Quiero acabar esta escena. Creo que Baz finalmente va a decirle a Simon que le quiere.
- Seguirá queriéndolo mañana.
- Es un gran capítulo.
- Siempre son grandes capítulos.
- Es diferente esta vez – diría Cath, que es lo que había estado diciendo durante el último año – Es el final.
Wren tenía razón: Cath había escrito esta historia, Baz y Simon enamorados, docenas de veces antes. Ella había escrito esta escena, esta frase “Snow… Simon, te quiero” de cincuenta maneras diferentes
Pero Carry On era diferente.
Era la historia más larga que ella había escrito jamás; ya era más larga que cualquiera de los libros de Gemma T. Leslie, y Cath sólo llevaba tres tercios de la historia.
Carry On estaba escrito como si fuera el octavo libro de la saga de Simon Snow, como si el trabajo de Cath fuera atar los cabos sueltos, para asegurarse que Simon ascendía a Mago, para llenar a Baz (algo que Gemma T. Leslie no haría nunca), para hacer que ambos chicos se olvidaran de Agatha… Para escribir todas las escenas de despedida, y las escenas de la graduación, y las revelaciones de último minuto… Y para situar la batalla final entre Simon y el Malvado Humdrum.
Ahora todos escribían historias de octavo año en el fandom. Todo el mundo quería dar su opinión del final, antes de que el último libro de Simon Snow saliera en Mayo.
Pero, para muchos, Carry On era el último libro.
La gente siempre le decía a Cath que ya no podían leer los libros de la misma forma después de leer su historia (“¿Por qué Gemma odia a Baz?”)
Alguien incluso empezó a vender camisetas por internet en las que ponía “Keep Calm and Carry On” con una foto de Baz y Simon mirándose el uno al otro. Wren compró una a Cath por su decimoctavo cumpleaños.
Cath intentaba que no se le subiera todo a la cabeza. “Estos personajes le pertenecen a Gemma T. Leslie” escribía al principio de cada nuevo capítulo.
- Le perteneces a Gemma – dijo ella al poster de Baz que estaba sobre su cama en casa – Sólo te he cogido prestado.
- No lo has cogido prestado – dijo Wren – Tú le has raptado y lo has criado como si fuera tuyo.
Si Cath estaba despierta hasta muy tarde escribiendo, demasiadas noches seguidas, si se estaba obsesionando con los comentarios y las críticas; Wren solía cogerle el portátil y dormir abrazada a él como si fuera un osito de peluche.
En noches como esa, Cath siempre podía ir abajo y seguir escribiendo en el ordenador de papá si realmente quería, pero no le gustaba pelearse con Wren. Se escuchaban la una a la otra cuando nadie más quería escuchar.
Cath empezó a escribir una entrada en su cuenta de Fanfixx. Deseó que Wren estuviera ahí para leerlo antes de que ella lo publicara.

Hola chicos,
Creo que empieza a ser hora de que admita que la universidad es difícil. ¡La Universidad es difícil! O, por lo menos, roba-tiempo. Y probablemente no podré colgar nada de Carry On tanto como solía, ni tanto como me gustaría.
Pero no voy a desaparecer, lo prometo. Y no me estoy rindiendo. Ya tengo pensado como acabará todo esto, y no voy a parar hasta que legué ahí.



Nick miró hacia atrás des de su mesa, tan pronto como la clase terminó.
- Serás mi pareja, ¿no?
- Sí. – Dijo Cath, viendo cómo la chica a mi lado se desilusionaba. Probablemente porque ella quería trabajar con Nick.
Cada uno de ellos debía encontrar una pareja y escribir una historia juntos, fuera de clase, escribiendo parágrafos entre ambos. La idea del ejercicio, según dijo la profesora Piper, era que ellos fueran muy conscientes del argumento y del narrador, y guiar sus mentes a partes que nunca habían visto dentro de sí mismos.
Nick quería quedar en el campus, en la biblioteca Amor. Ese era el verdadero nombre, gracias por su donación, Alcalde Lathrop Amor. Nick trabajaba ahí algunas noches a la semana, almacenando los libros por categoría.
Reagan miró de manera sospechosa a Cath cuando ésta empezó a guardar su portátil después de cenar.
- ¿Vas a salir de la habitación después de oscurecer? ¿Tienes una cita? – dijo como si la idea de Cath en una cita fuera una broma.
- He quedado para estudiar.
- No vuelvas a casa sola, es tarde. – dijo Levi. Reagan y él tenían apuntes de clase esparcidos por todo el suelo de la parte de Reagan.
- Yo siempre vuelvo sola – le soltó Reagan.
- Es diferente – Levi sonrió amablemente – Tú no tienes esa imagen de Caperucita Roja. Tú das miedo. – Reagan aulló como el Lobo Feroz.
- No creo que los violadores se paren a pensar en la confianza que tiene cada uno. – dijo Cath.
- ¿No lo crees? – Levi la miró seriosamente – Yo creo que buscan una presa fácil. La joven e ingenua. – Reagan resopló. Cath envolvió su cuello con su bufanda.
- No soy ingenua… – murmuró ella. Levi se levantó de la cama de Reagan y se puso su chaqueta verde.
- Vamos – dijo.
- ¿Por qué?
- Te acompañaré hasta la biblioteca.
- No tienes que hacerlo – Discutió Cath.
- No he salido de aquí des de hace dos horas. No me importa.
- No, en serio…
- Sólo ve, Cath – dijo Reagan – Serán cinco minutos, y si te violan ahora, será nuestra culpa. No tengo tiempo para el dolor.
- ¿Vienes? – le preguntó Levi a Reagan.
- Joder, no. Hace frío fuera.
Hacía frío fuera. Cath caminó tan deprisa como pudo. Pero Levi, tan largas como eran sus piernas, no se dio ninguna prisa.
Él intentaba hablar con Cath sobre los búfalos. Ella podría decir, sin miedo a equivocarse, que Levi tenía una clase entera en la que solamente hablaban sobre búfalos. Parecía como si fuera hacer un máster sobre búfalos, si eso fuera posible. Quizás lo era.
Esta escuela estaba constantemente recordando a Cath lo rural que era Nebraska, algo en lo que nunca antes se había parado a pensar, habiendo crecido en Omaha, la única ciudad real del estado. Cath había pasado por Nebraska algunas veces, cuando iba hacia Colorado, y había visto los campos de maíz, pero nunca había pensado mucho en esto, en la gente que vivía en esas zonas.
Levi y Reagan eran de un pueblucho llamado Arnold, el cual, según Reagan, era y olía a estiércol.
- El pueblo de Dios – lo llamaba Levi – De todos los dioses. Brahma y Odin lo amarían.
Levi seguía hablando sobre búfalos, incluso cuando ellos ya  habían llegado a la biblioteca. Cath subió el primer escalón, deseando con todas las fuerzas entrar en calor. Sobre ese escalón, ella era casi tan alta como él.
- ¿Ves lo que te digo? – preguntó él.
- Vacas, mal. Búfalos, bien. – asintió ella.
- Vacas, bien. – dijo él – Búfalos, mejor. – después él le sonrió de costado a ella perezosamente – esto es muy importante, ¿sabes? Por eso te lo cuento.
- Vital – dijo ella – Ecosistemas. Ciclo del agua. Musarañas en peligro de extinción.
- Llámame cuando acabes, caperucita. – “No,” pensó Cath, “ni siquiera sé tú número.” Levi ya se estaba marchando. – Estaré en tu habitación – dijo él por encima de su hombro – Llámame ahí.



La biblioteca tenía seis pisos por encima del suelo, y dos por debajo. Los subterráneos, donde estaban los almacenes, tenían una forma rara, y sólo eran accesibles por algunas escaleras concretas; casi parecía como si los almacenes estuvieran situados debajo de los edificios del campus.
Nick trabajaba en los almacenes del norte, en una habitación blanca y larga, que era casi un bunker anti-misiles con estanterías. Siempre había una especie de brisa, daba igual dónde estuvieras, y daba igual que Cath no pudiera ver ninguna ventana o puerta abierta; algunas partes de la habitación tenían su propio viento. En la mesa en la que estaban trabajando, Nick tenía que poner un boli sobre l libreta para que las páginas no volaran.
Nick escribía a mano.
Cath estaba intentando convencerle de que era mejor escribir con el ordenador.
- Pero entonces no nos diferenciaríamos – dijo él – No veríamos las dos manos escribiendo en el mismo papel.
- No puedo escribir sobre papel – dijo ella.
- Perfecto – dijo Nick – Este ejercicio se trata de dejar de hacer lo mismo de siempre.
- Vale – Suspiró ella. Discutir no servía de nada ya, él había apartado su ordenador.
- Vale – Nick cogió el boli y lo destapó con los dientes. – Empiezo yo.
- Espera – dijo Cath – tenemos que decidir qué tipo de historia vamos a hacer.
- Ya verás.
- Eso no es justo – ella se estiró hacia delante, mirado la hoja de papel vacía. – No quiero escribir sobre, uhm… Cuerpos muertos, ni uhm… Cuerpos desnudos.
- Me estás diciendo que cuerpos no.
Nick escribía con letra ligada, medio cursiva. Era zurdo, así que repartía tinta azul por el papel mientras escribía. “Necesitas un cuadernillo de caligrafía” pensó Cath, intentando leer su escritura del revés des del otro lado de la mesa. Cuando él le pasó la libreta, ella casi no podía leerlo, incluso estando del derecho.
- ¿Qué es esto? – preguntaba, señalando algo parecido a una palabra.
- Retinas.

Ella está de pie en el aparcamiento de coches. Y ella está parada debajo de una farola. Y su pelo tan rubio te muestra sus brillos, que te están quemando las retinas. Ella se estira y te coge la camiseta. Y ahora está apoyada sólo sobre sus dedos, de puntillas. Se está acercando cada vez más a ti. Huele a té negro y a Marlboro, y cuando su boca toca tu oreja, te preguntas si recuerda tu nombre.

- Así que... – dice Cath – ¿En presente?
- Y segunda persona. – Confirma Nick.
Cath le miró con el ceño fruncido.
- ¿Qué pasa? – preguntó él – ¿No adoras las historias de amor?
Cath podía sentir el color subiendo a sus mejillas, e intentó parar. “Mantente guay, Caperucita”. Cogió su mochila para buscar un boli.
Le costaba mucho escribir sin teclear, y le costaba escribir con Nick mirándola como si él acabara de darle a ella una patata caliente.

“Por favor, no se lo cuentes a Mamá,” se ríe ella.
“De todo, ¿qué es lo que no tengo que contarle?” le preguntas “¿Lo del pelo, o lo de los cigarrillos hípsters?”
Ella estira de tu camiseta, y le empujas la espalda como si tuviera 12 años. Y prácticamente los tiene, es muy joven. Y tú estás muy cansado. Y qué pensará Dave si tú te has ido de vuestra cita para cuidar de tu estúpida, estúpidamente rubia, hermanita.
“Eres un inútil, Nick” dice ella. Y ella está tambaleándose. Y ella se vuelve balanceándose hasta la farola.

Cath giró la libreta y se la pasó a Nick. Él puso su lengua en su mejilla interior, y sonrió.
- Así que, tenemos un narrador gay – dijo él – Y tiene mi nombre…
- Adoro las historias de amor – dijo Cath.
Nick asintió unas cuantas veces más.
Y después ambos empezaron a reír.



Era casi como escribir con Wren, como cuando ella y Wren se sentaban delante del ordenador, pasándose la una a la otra el teclado y leyendo en voz alta lo que la otra persona había escrito.
Cath siempre escribía la mayoría de diálogos. Wren era más buena en el argumento y en los sentimientos. A veces Cath escribía todas las conversaciones, y Wren las situaba, decidiendo dónde estaban Simon y Baz  dónde iban. Una vez Cath escribió lo que ella pensaba que era una escena amor, y Wren la convirtió en una pelea de espadas.
Incluso cuando dejaron de escribir juntas, Cath seguía persiguiendo a Wren por la casa , suplicándola ayuda, siempre que no podía hacer que Simon y Baz hicieran nada, aparte de hablar.
Nick no era Wren.
Nick era más dominante, y exhibicionista. Y también, obviamente, un hico. De cerca, sus ojos eran más azules, y sus cejas estaban prácticamente juntas. Él lamía sus labios mientras escribía, y apoyaba la lengua en sus dientes.
A su favor, él aceptó el tema del protagonista gay casi de inmediato. Incluso cuando Cath le daba al gay-ficticio-Nick unas cejas negras y gruesas, y unos ojos muy azules.
El Nick real tenía problemas con lo de los turnos, él estaba empezando a quitarle la libreta de las manos a Cath antes de que ella acabara de escribir, y su boli verde pintaba líneas a través de la página.
- Espera – decía ella.
- No, tengo una idea, y estás a punto de arruinarla.
Ella intentaba que sus parágrafos tuvieran el estilo de Nick, pero su propio estilo aparecía constantemente. Y entonces se dio cuenta de que él también estaba intentando imitarla a ella.
Después de unas cuantas horas, Cath empezaba a bostezar mucho, y su historia era el doble de larga de lo que tenía que ser.
- Nos costará la vida pasarlo a ordenador – dijo ella.
- Pues no lo pases. Lo entregamos así. – Cath miró al papel manchado de verde y azul.
- Es nuestra única copia.
- Pues no dejes que se la coma tu perro. – se subió la cremallera de su sudadera gris, y cogió su vieja chaqueta – Es medianoche. Tengo que irme. – El carrito de libros al lado de la mesa todavía estaba lleno de libros.
- ¿Y estos? – preguntó Cath.
- La chica del turno de mañana puede hacerlo. Le recordará que está viva.
Cath arrancó su historia con cuidado de la libreta de Nick, y la puso en su mochila, después le siguió hasta la escalera de caracol. No vieron a nadie más mientras subían a la primera planta.
Era diferente estar con él, ahora. Diferente incluso de hace unas horas. Divertido. Cath no se sentía como si estuviera enterrada bajo 8 capas de miedo y de ansiedad diagnosticable. Nick caminaba justo a su lado en las escaleras, y hablaban como si aún estuvieran pasándose la libreta entre ellos.
Cuando salieron, se pararon en el camino de salida.
Cath sintió algunos de sus nervios arrastrándose de vuelta hacia ella. Ella jugueteó con los botones de su chaqueta.
- Perfecto – dijo Nick, colgándose la mochila – ¿Nos vemos en clase?
- Claro – dijo Cath – Intentaré no perder nuestra novela.
- Nuestra primera novela. – dijo él, tomando el camino que llevaba fuera del campus – Buenas noches.
- Buenas noches – le vio marcharse, a él y a su mochila azul, bajo la luz de la luna.
Y después estaba sólo Cath fuera en la entrada de la biblioteca. Cath y unos cien árboles que no se había dado cuenta que estaban ahí durante el día. Las luces de la biblioteca se apagaron detrás de ella, y su sombra desapareció.
Cath suspiró y sacó su teléfono, tenía dos mensajes de Abel que ignoró, y marcó el número de su habitación, deseando que su compañera de habitación no estuviera dormida.
- ¿Hola? – contestó Reagan después del tercer pitido. Se oía música de fondo.
- Soy Cath.
- Bueno, hola, Cath, ¿cómo fue tu cita?
- No era una… Mira, ahora iré a casa. Seré rápida. Ya estoy caminando.
- Levi se fue tan pronto como escuchó el teléfono, así que tendrás que esperarle, por lo menos.
- No tiene por qué…
- Será más molesto más si no te encuentra.
- Vale – dijo Cath, rindiéndose – Gracias, supongo.
Reagan colgó.
Cath se quedó quieta al lado de una farola, de modo que él la vería a ella, e intentó parecer el Cazador, y no la Caperucita. Levi apareció mucho antes de lo que ella esperaba, corriendo por el camino. Incluso corriendo parecía relajado.
Ella empezó a caminar hacia él, pensando que le ahorraría los últimos pasos.
- Catherine – dijo él, parándose cuando se encontraron, y dando la vuelta para ir con ella – Entera, aún.
- Ese – dijo ella – no es mi nombre, siquiera.
- Sólo Cather, ¿eh?
- Sólo Cath.
- ¿Te perdiste en la biblioteca?
- No.
- Yo siempre me pierdo en la biblioteca – dijo él – da igual cuántas veces vaya. De hecho, creo que me pierdo más cada vez que vuelvo. Como si quisiera conocerme mostrándome nuevos pasillos.
- ¿Pasas mucho tiempo en la biblioteca?
- En realidad sí.
- ¿Cómo es eso posible si estás todo el día en mi habitación?

- ¿Dónde crees que duermo? – preguntó él. Y cuando ella le miró, él estaba riéndose.

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Vale, esto no es del libro, but tenía que disculparme por haber tardado tanto a subir otro capítulo. Se me rompió el ordenador y no pude traducir nada.
Por otro lado, a partir de ahora intentaré subir cada sábado (o Domingo a primerísima hora), y si no puedo colgar pondré algo diciendo cuándo colgaré.
No sé cuánta gente lo lee, pero por si alguien lo lee, comentad que os parece.
Seguiré traduciento.
Meh.