Ahora Cath tiene que decidir si esta preparada para abrir su corazón a nueva gente y nuevas experiencias, y se está dando cuenta de que con el amor se aprende mucho más de lo que ella hubiera creído posible...

27 jul 2014

SIETE.

Cuando Cath vio el nombre de Abel en la pantalla de su teléfono, ella automáticamente pensó que era un mensaje, incluso cuando era obvio que la estaba llamando.
Abel nunca la llamaba.
Se mandaban correos. Se mandaban mensajes, se habían mandado un mensaje justo anoche. Pero nunca hablaban en serio, excepto cuando era en persona.
- ¿Hola? – contestó ella. Estaba esperando en un banco fuera del Adrews Hall, frente al edificio de inglés. Realmente hacía demasiado frío como para estar esperando fuera, pero a veces Nick llegaba un poco antes, y comentaban sus trabajos, o hablaban de la historia que estaban escribiendo, que se estaba volviendo una historia de amor corriente, Nick la estaba convirtiendo en eso.
- ¿Cath? – la voz de Abel era ronca y familiar.
- Hola – dijo Ella, sintiéndose cálida, de repente. Sorprendentemente. Quizás sí que había echado de menos a Abel. Ella seguía evitando a Wren, Cath no había comido en el comedor del Selleck des de que Wren la llamó estando borracha. Quizás Cath sólo extrañaba estar en casa. – ¿Cómo estás?
- Estoy bien – dijo él – Ya te dije anoche que estaba bien.
- Bueno, ya, lo sé. Pero es diferente en el teléfono.
- Eso es exactamente lo que dijo Katie – dijo Abel, sobresaltado.
- ¿Quién es Katie?
- Katie es la razón por la que te llamo. Ella es… Como… La única razón por la que te llamaría. – Cath levantó la cabeza de repente.
- ¿Qué?
- Cath, he conocido a alguien – dijo él. Lo dijo así. Como si estuviera en una telenovela o algo.
- ¿Katie?
- Sí. Y es, uhm, me ha hecho ver que… bueno, que lo nuestro no es real.
- ¿A qué te refieres?
- Me refiero a nuestra relación, Cath, no es real – ¿Por qué él decía tanto su nombre?
- ¡Claro que es real! Abel, hemos estado saliendo 3 años.
- Bueno, cómo saliendo.
- No, no “cómo saliendo”. Saliendo, en serio. – dijo Cath
- Bueno… Como sea – su voz parecía firme – He conocido a alguien. – Cath se giró de espaldas al edificio, y se apoyó en él.
- Katie.
- Y es más real. – dijo él – Sólo estamos… Juntos, ¿sabes? Podemos hablar de todo, ella también es informática. Y tuvo un 8.2 sobre 10 en la selectividad.
Cath tuvo un 8.
- ¿Estás rompiendo conmigo porque no soy suficientemente lista?
- Esto no es una ruptura. No es que estuviéramos realmente juntos.
- ¿Eso es lo que le dijiste a Katie?
- Le dije que nos estábamos distanciando.
- Sí – espetó Cath – Porque la única vez que me llamas es para cortar conmigo. – pateó la pared del edificio, y se arrepintió al instante.
- Cierto. Cómo si tú me llamaras todos los días.
- Lo haría si tú quisieras que lo hiciera – dijo ella.
- ¿Lo harías? – Cath volvió a patear la pared.
- Quizás. – Abel suspiró. Parecía más exasperado que nada, más exasperado que triste o mal.
- No hemos estado juntos en serio desde tercero de la ESO. – Cath quería discutir con él, pero no podía pensar en nada convincente. “Pero tú me llevaste al baile de fin de curso” pensó ella “Pero tú me enseñaste a conducir
- Pero tu abuela siempre me hacía el pastel “Tres Leches” por mi cumple.
- Lo hace igualmente para la pastelería.
- Bien – Cath se giró y apoyó la frente en la pared. Ella deseaba poder llorar, sólo para que él se sintiera un poco mal por ello – Apuntado. Lo tengo apuntado. No estamos cortando, pero hemos acabado.
- No hemos acabado – dijo Abel – Seguiremos siendo amigos. Seguiré leyendo tú fanfic. Katie también la lee. Quiero decir, siempre la ha leído. ¿No es una coincidencia alucinante?
Cath negó con la cabeza, estaba sin palabras.
Después Nick apareció por la esquina del edificio y la saludó del mismo modo que siempre lo hacía, mirándola a los ojos y levantando la cabeza. Cath levantó la barbilla en respuesta.
- Sí – le dijo al teléfono – Coincidencia.
Nick había dejado su mochila en un montón de piedras, y estaba buscando algo entre sus libros y libretas. Llevaba la chaqueta desabrochada, y, tal como estaba inclinado, ella podía entrever lo que había debajo su camiseta. Algo así como unos pocos centímetros de piel blanca, y espeso pelo negro.
- Tengo que irme – dijo ella.
- Oh – dijo Abel – Vale. ¿Aún quieres que quedemos por Acción de Gracias?
- Tengo que irme. – dijo ella, y cortó la llamada.
Cath tomó una respiración lenta. Se sentía mareada y tensa, como si algo demasiado grande estuviera intentando salir de sus costillas. Ella volvió a apoyarse contra la pared, y miró abajo, a la parte superior de la cabeza de Nick. Él miró hacia arriba y le sonrió de lado, sacando de la mochila unas cuantas hojas de papel.
- ¿Leerás esto? No estoy seguro de si apesta, o es maravilloso. Probablemente sea maravilloso. Dime que es maravilloso, ¿vale? Si no apesta, claro.



Cath le mandó un mensaje a Wren justo antes de que empezara la clase de Escritura de Ficción, escondiendo su teléfono detrás de los anchos hombros de Nick.
Abel ha roto conmigo.”
“Oh dios. Lo siento. ¿Quieres que hablemos?”
“Sí. ¿A las 5?”
“Vale. ¿Estás bien?”
“Creo que sí. El fin de mesa se finaliza”



- ¿Ya has llorado?
Ellas estaban sentadas en la cama de Cath, comiendo las últimas barritas energéticas.
- No. No creo que vaya a hacerlo. – Wren mordió su labio. Literalmente.
- Dilo. – Cath dijo.
- No creo que deba decirlo. Nunca pensé que no decirlo sería tan satisfactorio.
- ¡Dilo!
- ¡No era tu novio! Nunca te gustó de esta manera. – Wren empujó a Cath tan fuerte que Cath cayó sobre la cama. Cath rio y se volvió a sentar, envolviendo sus rodillas con sus brazo.
- Pensaba que me gustaba, en serio.
- ¿Cómo podías pensar eso? – Wren también estaba riendo.
Cath se encogió de hombros.
Era jueves por la noche, y Wren ya iba vestida para salir. Llevaba sombra de ojos verde claro, que hacía que sus ojos fueran más verdes que azules, y sus labios era de un rojo brillante. Su pelo corto estaba dividido en un lado, y peinado glamurosamente hacia el otro lado por su frente
- En serio. – dijo Wren – Sé que sabes qué es el amor. He leído mil veces cómo lo has descrito de mil maneras diferentes. – Cath hizo una mueca.
- Eso es diferente. Eso es fantasía. Eso es… ‘Simon llamó a Baz, y su nombre parecía magia en sus labios.’.”
- No es fantasía completamente. – dijo Wren.
Cath pensó en los ojos de Levi cuando Reagan bromeaba con él.
Ella pensó en Nick lamiendo sus cortes, aunque bien puestos dientes con la punta de su lengua
- No puedo creer que Abel me dijera su nota en la selectividad – dijo ella – ¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Ofrecerle una escolarización?
- ¿Estas triste, de algún modo? – Wren busco bajo la cama entre las cajas vacías de barritas.
- Sí… Estoy avergonzada de que esto haya durado tanto tiempo. De pensar que podíamos continuar así. Y estoy triste porque ahora es en serio, se ha acabado el instituto. Era como si Abel fuera la última pieza de ese tiempo tan feliz, como si pudiera llevarlo conmigo para siempre.
- ¿Recuerdas cuando te regaló un cargador para el portátil en vuestro aniversario?
- Fue un buen regalo – Cath dijo, apuntando a su hermana. Wren cogió el dedo de Cath y lo tiro abajo.
- ¿Pensabas en el cada vez que te quedabas sin batería?
- Necesitaba otro cargador – Cath se apoyó en la pared otra vez, poniéndose de cara a Wren – Ese día me besó, en nuestro diecisiete mes, por primera vez. O quizás yo le besé a él.
- ¿Fue un beso apasionado? – Cath rio.
- No. Pero recuerdo que pensé… Que él me hacía sentirme segura – ella apoyó la cabeza en la pared – Recuerdo pensar que Abel y yo nunca seríamos como Papá y Mamá, que si Abel algún día se cansaba de mí, yo sobreviviría.
Wren seguía cogiéndole la mano a Cath. Ella la apretó. Después apoyó su cabeza en la pared, imitando a Cath. Cath había empezado a llorar.
- Bueno, lo pensaste – dijo Wren – Ahora, sobrevive. – Cath rio, y presionó sus dedos contra los ojos, para apartar las lágrimas. Wren cogió también esa mano – Sabes que me tienes para todo. – dijo ella.
- Para el fuego y para la lluvia. – suspiró Cath. Notó los dedos de Wren dando círculos en sus muñecas.
- Somos irrompibles.
Cath miró el pelo marrón y liso de Wren, y el brillo de acero, la corona de gris, que rodeaba sus ojos.
Tú lo eres”, pensó Cath.
- Hay algo más que quiero decirte – Cath dijo antes de que pudiera pesarlo dos veces – Hay, quiero decir, creo que hay… Ese chico.
Wren levantó sus cejas. Pero antes de que Cath pudiera decir nada más, oyeron voces y una llave en la puerta. Wren soltó las manos de Cath, y la puerta se abrió de golpe. Reagan entró y tiró su mochila junto a la puerta. Ella corrió hacia fuera antes de que Levi pudiera entrar.
- Hola Cath – dijo el, sonriendo - ¿Sois…? – miró a la cama, y calló.
- Levi – dijo Cath – esta es mi hermana, Wren. – Wren le tendió la mano. Los ojos de Levi estaban más abiertos que nunca. Él le sonrió a Wren y le tomó la mano, sacudiéndola. – Wren – dijo él – Que nombre más originales en vuestra familia.
- Nuestra madre no sabía que iba a tener gemelos  dijo Wren – Y no quería tener que pensar otro nombre.
- Cather, Wren… – por su cara, podrías haber dicho que Levi acababa de descubrir la sopa de ajo – Suena como Catherine, ¿no? – Cath pusó los ojos en blanco. Wren sonrió.
- Inteligente, ¿eh?
- Cath – dijo Levi, e intentó sentarse junto a Wren en la cama, a pesar de que no había espacio suficiente. Wren rio y se movió hacia Cath. Cath también se movió, de mala gana. “Si le das una pulgada a Levi…
- No sabía que tenías una madre – dijo él – O una hermana. ¿Qué más escondes?
- Cinco primos – dijo Wren – Y un montón de hámster obesos todos llamados Simon.
Levi sonrió completamente.
- Oh, déjalo. – dijo Cath con desgana – No quiero que te pongas cariñoso con mi hermana. ¿Y si os enamoráis? – Reagan volvió por la puerta abierta y miró hacia Cath. Ella vió a Wren y se encogió de hombros.
- ¿Esta es tu hermana gemela?
- ¿Tú sabías que tenía una hermana gemela? – preguntó Levi
- Wren, Reagan – dijo Cath.
- Hola – dijo Reagan, frunciendo el ceño.
- No te tomes nada de esto como algo personal – le dijo Cath a Wren – Ambos son así con todo el mundo.
- Me tengo que ir, de todos modos – Wren se bajó feliz de la cama. Llevaba puesto un vestido rosa, y unas medias marrones, y unos botines marrones con tacones y unos botones verdes a un lado. Eran los botines de Cath, pero Cath nunca tenía el valor de ponérselos. – Encantada de conoceros a todos – dijo Wren, sonriéndoles a Reagan y Levi – Te veo a la hora de comer mañana – le dijo a Cath.
Reagan la ignoró. Levi la despidió con la mano. Tan pronto como la puerta se cerró, Levi levantó los ojos otra vez. Azules.
- ¿Esa es tu hermana gemela?
- Idénticas – dijo Reagan, como si tuviera la boca llena de pelo.
Cath asintió con su cabeza, y se sentó en su escritorio.
- Wow – Levi se sentó rápidamente en su cama, de manera que estaba sentado justo delante de Cath.
- No estoy segura de qué estás pensando – dijo Cath – pero estoy bastante segura de que es ofensivo.
- ¿Cómo puede ser que el hecho de que tu hermana gemela esté súper buena ser ofensivo para ti?
- Porque – dijo Cath, muy alentada por Wren y, extrañamente, por Abel, y quizás incluso por Nick para dejar que esto le afectara ahora mismo – me hace sentir como la-fea-de-la-pareja.
- No eres la-fea-de-la-pareja – rio Levi – Sólo eres la-Clark-Kent-de-la-pareja.
Cath empezó a revisar su correo.

- Eh, Cath – dijo Levi, pateando las patas de su silla. Ella podía diferenciar el tono de broma en su voz – ¿Me llamarás cuando te quites las gafas y te conviertas en Superman?
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Perdonad. Ayer no pude publicar por temas familiares. Lo siento mucho. Espero que os guste este capítulo. ¡Comentad qué creéis que pasará a partir de ahora! Sus quiero.

19 jul 2014

SEIS.


“¿Papá? Llámame”
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“Soy Cath, otra vez. Llámame.”
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“Papá, deja de ignorar mis mensajes de voz. ¿Escuchas tus mensajes de voz? ¿Sabes hacerlo? Incluso si no sabes, sé que ves mi número en tus llamadas perdidas. Llámame, ¿vale?”
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“Papá. Llámame. O llama a Wren. No, llámame a mí. Estoy preocupada, y no me gusta preocuparme por ti.”
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“No me hagas llamar a los vecinos. Vendrán a ver cómo estás y no hablas Español, y será vergonzoso.”
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- ¿Papá?
- Hola Cath.
- ¡Papá! ¿Por qué no me llamabas? Te he dejado un millón de mensaje.
- Me has dejado demasiados mensajes. No deberías estar llamándome, ni siquiera deberías estar pensando en mí. Estas en la universidad, ¡vamos!
- Sólo es la escuela, papá. No es como si fuéramos enemigos irreconciliables.
- Cielo, he visto muchas series, como Zoey 101. Y los padres ni siquiera salían una vez Zoey y su hermano estaban en la escuela. Ahora te toca a ti, se supone que tienes que ir a fiestas y hace que chicos como Chase se enamoren de ti.
- ¿Por qué todo el mundo quiere que vaya a fiestas?
- ¿Quién quiere que vayas a fiestas? Sólo estaba bromeando. No quiero que salgas con chicos como Chase, Cath, es un friki. Todo lo que hace es perseguir a chicas y jugar a videoconsolas.
- Papás, ¿cómo estás?
- Estoy bien, cielo.
- ¿Estás solo?
- Sí
- ¿Estás comiendo?
- Sí.
- ¿Qué estas comiendo?
- Comida nutritiva.
- ¿Qué has comido hoy? Y no mientas.
- Algo ingenioso que he descubierto en QuickTrip: Es una salsa muy buena dentro una crep, y todo envuelto por un pan de perrito caliente.
- Papá…
- Vamos, Cath, me dijiste que no mintiera.
- ¿Podrías ir al mercado o algo así?
- Sabes que odio el mercado.
- Venden fruta en QuickTrip
- ¿En serio?
- Sí, pregunta a quien quieras.
- Sabes que odio preguntar.
- Haces que me preocupe por ti.
- No te preocupes, Cath. Compraré fruta, ¿vale?
- Esa es una promesa muy floja…
- Vale, iré al mercado.
- No mientas, ¿me lo prometes?
- Te lo prometo.
- Te quiero.
- Yo también te quiero. Dile a tu hermana que la quiero.
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Cath, soy papá. Sé que es tarde, y probablemente estés durmiendo. ¡Espero que estés durmiendo! Pero he tenido una idea. Es una buena idea. Llámame.”
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“¿Cath? Soy tu padre otra vez. Sigue siendo tarde, pero no podía esperar a que llamaras. ¿Sabes que los chicos van al baño arriba? Tu habitación está justo debajo del baño. Podríamos poner una trampilla. Y una escalera. Sería un atajo secreto al baño. ¿No es una maravillosa idea? Llámame Cath. Soy tu padre."
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“¡Cath! Mejor que una escalera, una barra de esas de los bomberos. Seguirías necesitando las escaleras para ir al baño, pero, Cath, una barra de bombero. Creo que puedo hacerlo yo mismo, sólo necesito una barra….”
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“¿Papá? Llámame.”
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“Llámame, ¿vale?”
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“Papá, soy Cath. Llámame.”
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Era viernes por la noche, y Cath tenía la habitación para ella sola.
Estaba intentando escribir Carry On, Simon, pero su cabeza seguía preguntándose… Hoy en clase, la profesora Piper les había entregado la historia que ella y Nick habían escrito juntos. La profesora había llenado los bordes de dieces, e incluso había dibujado una caricatura de ella misma, gritando “10” una decena de veces, por lo menos.
Ella había pedido a unos cuando equipos, los que lo habían hecho realmente bien, que leyeran en voz alta en clase. Nick y Cath habían sido los últimos, alternando parágrafos, de manera que cada uno leía lo que había escrito. Toda la clase rio. Probablemente porque parecía que Nick estuviera interpretando alguna obra de Shakespeare. Las mejillas y el cuello de Cath estaban ardiendo cuando se sentó en su sitio.
Después de clase, Nick levantó su meñique hacia ella. Cuando ella lo miró, dijo:
- Vamos, estamos haciendo un juramento. – Ella enroscó su meñique alrededor del de él, y él lo apretó con fuerza. – Compañeros automáticamente siempre que necesitemos uno, ¿prometido? – sus ojos eran tan profundos que hacían que todo lo que decía pareciera más intenso.
- Prometido – dijo Cath, apartando la vista.
- Maldita sea – dijo Nick, apartando su mano – somos jodidamente buenos.
- Creo que no podrá poner más dieces después de nosotros. – dijo Cath siguiéndole fuera de la habitación – la gente tendrá 9,99 durante los siguientes 8 años por culpa nuestra.
- Deberíamos volver a hacerlo – él se paró, de repente, en la puerta. Cath chocó su cadera con la de él, sin quererlo.
- Ya hemos hecho un juramento – dijo ella, parándose a su lado.
- No, yo quiero decir que no sólo para los deberes. Deberíamos volver a hacerlo sola y únicamente porque fue divertido. ¿Me entiendes? – Estuvo bien. Era la cosa más divertida que Cath había hecho desde… Bueno, desde que llegó aquí, por supuesto.
- Sí – dijo ella – Vale.
- Trabajo los martes y jueves por la noche – dijo Nick – ¿Podemos quedar el martes a la misma hora?
- Perfecto – dijo Cath.
Ella no había dejado de pensar en esto des de entonces. Se preguntaba qué escribirían. Ella quería hablar de esto con Wren. Cath había intentado llamar a Wren antes, pero ella no lo cogió. Ahora eran casi las once.
Cath cogió el teléfono y marcó el número de s hermano.
- ¿Sí, hermana-hermana? – contestó Wren.
- Hola, ¿puedes hablar?
- Claro, hermana-hermana – dijo Wren, riendo.
- ¿Estás fuera?
- Estoy en la décima planta de Schramm Hall… Es o que visitan todos los turistas cuando vienen a visitar el Schramm Hall. El Mirador. “Mira el mundo desde la habitación de Tyler” eso es lo que pone en la postal.
La voz de Wren era cálida y líquida. Su padre siempre decía que Wren y Cath tenían la voz igual, pero la de Wren era mucho más lenta que la de Cath, esa era la diferencia.
- ¿Vas borracha?
- Estaba borracha – dijo Wren – Ahora creo que estoy algo más.
- ¿Estás sola? ¿Dónde está Courtney?
- Está aquí. Estoy como sentada sobre sus piernas, pero no completamente.
- Wren, ¿estás bien?
- Sí-sí-sí, hermana-hermana. Por eso te he respondido al teléfono, para decirte que estoy bien. De manera que puedas dejarme en paz por un rato. ¿Vale-vale? – Cath sintió como se tensaba su cara. Más por dolor que por preocupación.
- Sólo llamaba para hablar de papá – Cath deseaba que fuera capaz de no usar tanto la palabra “sólo”. Era lo que decía cuando estaba cabreada, como cuando alguien se movía mucho cuando ella estaba intentando dormir. – Y de otras cosas. Cosas de… Chicos. – Wren rio.
- ¿Cosas de chicos? ¿Simon se ha vuelto a enamorar de Agatha? ¿Baz le ha convertido en un vampiro, otra vez? ¿O es que sus dedos se han enredado en sus pelos? Estás en la parte en la que Baz le llama ‘Simon’ por primera vez, porque siempre es una parte dura… Siempre es una triple alarma de fuego. – Cath apartó el teléfono, de modo que no tocara su oreja.
- Vete a la mierda – suspiró –. Sólo quería asegurarme que estabas ien.
- Bien-bien – dijo Wren, con voz monótona. Después colgó.
Cath dejó el teléfono en su escritorio y se apartó de él, como si fuera algo que le fuera a morder.
Wren tiene que estar muy borracha. O morada. Wren nunca… Wren nunca lo haría. Ella nunca había mentido a Cath sobre Simon y Baz. Simon y Baz eran…”
Cath se levantó para apagar la luz. Sus dedos estaban fríos. Se quitó los pantalones y se estiro debajo las sábanas.
Después se volvió a levantar para comprobar que la puerta estaba cerrada con llave, y miró por la rendija si había alguien fuera, en el pasillo desierto.
Se sentó de nuevo en su cama. Y volvió a levantarse.
Abrió su portátil, y lo cerró con un golpe.
“Wren tiene que ir morada. Ella nunca lo haría… Ella sabe lo que son Simon y Baz. Lo que significan Simon y Baz son…”
Cath se volvió a estirar en su cama y apretó sus puños contra el edredón, y después estiró ed su pelo hasta que le dolió.
Simon y Baz son intocables.”



- Esto no es divertido hoy – dijo Reagan, mirando sombríamente hacia la puerta el comedor.
Reagan siempre estaba de mal humor los fines de semana por la mañana (cuando estaba por ahí). Bebía mucho y dormía muy poco. No se había lavado el maquillaje de la noche anterior todavía, y aún olía a sudor y a humo de cigarro. “Esta es la Reagan del día anterior” pensó Cath.
Pero Cath no se preocupaba por Reagan, no como se preocupaba por Wren. Quizás porque Reagan parecía el Lobo Feroz, y Wren sólo era como Cath, pero con un corte de pelo más bonito.
Una chica entró en el comedor con una camiseta del equipo de fútbol de Huker, y unos tejanos. Reagan suspiró.
- ¿Qué pasa? – preguntó Cath
- Todos visten igual los días de partido – dijo Reagan – Y no puedo ver sus verdaderos seres feos y deformados… – se volvió hacia Cath – ¿Qué harás hoy?
- Me esconderé en nuestra habitación.
- Parece que necesites algo de aire libre.
- ¿Yo? – Cath se atragantó con el mordisco de bocata que acababa de tomar – Tú parece que necesites renovar tu ADN.
- Si parece esto es porque estoy viva – dijo Reagan – Porque he tenido experiencias, ¿me entiendes?
Cath miró a Reagan, y no pudo evitar sonreír.
Reagan llevaba lápiz de ojos alrededor de sus ojos. Como una Kate Middleton de culo duro. Y incluso si era más grande que la mayoría de chicas (caderas grandes, pecho grande, hombros anchos) ella iba como si el suyo fuera el tamaño que el resto de chicas quisieran tener. Y todo el mundo lo aceptaba incluido Levi, y todos los chicos que estaban con ella en la habitación mientras Reagan se preparaba.
- No lograrás ser así – dijo Reagan señalando a su resacosa cara – escondiéndote en tu habitación todo el día.
- Me lo apunto – dijo Cath.
- Hagamos algo hoy.
- Hoy hay partido. Lo más inteligente será quedarse en la habitación y evitar que nos derrumben la puerta.
- ¿Tienes algo rojo? – preguntó Reagan – Si nos ponemos algo rojo podemos ir por el campus y pedir bebidas gratis.
El teléfono de Cath sonó. Ella miró la pantalla. Wren. Colgó y la ignoró.
- Tengo que escribir, hoy – dijo ella.



Cuando volvieron a su habitación, Reagan tomó una ducha y se puso maquillaje nuevo, sentada sobre su escritorio, sujetando un espejo.
Se fue y volvió  unas horas después con bolsas del Target y con un hico llamado Eric. Después se fue otra vez y no volvió hasta la puesta de sol. Sola, esta vez.
Cath seguía sentada en su escritorio.
- ¡Basta! – medio gritó Reagan.
- Jesús – dijo Cath, girándose hacia ella. Le costó unos segundos que sus ojos enfocaran algo fuera de la pantalla del ordenador.
- Vístete – dijo Reagan – Y no discutas. No voy a discutir sobre esto contigo.
- ¿El qué?
- Eres un pequeño y triste ermitaño, y eso me jode. Así que vístete. Iremos a la bolera. – Cath rio.
- ¿A la bolera?
- Oh, vamos – dijo Reagan – Como si los bolos fueran la cosa más patética que haces. – Cath se levantó del escritorio. Su pierna izquierda se había quedado dormida. La sacudió.
- Nunca he jugado a bolos. ¿Qué debería ponerme?
- ¡¿Nunca has jugado a bolos?! – Reagan estaba incrédula - ¿No hay boleras en Omaha? – Cath se encogió de hombros.
- En la parte rica, quizás.
- Ponte lo que sea. Ponte algo que no tenga nada de Simon Snow, de manera que la gente no asuma que tu cerebro dejó de desenrollarse a los 7 años.
Cath se puso su camiseta roja de Carry On, Simon con unos tejanos, y se hizo una cola de caballo. Reagan frunció el ceño.
- ¿Tienes que llevar tu pelo así? ¿Es un tipo de cosa que lleváis los muermos?
- Yo no soy muermo.
- He dicho un tipo de cosa. – alguien picó a la puerta y Reagan abrió.
Levi estaba ahí, prácticamente daba saltitos de la emoción. Llevaba una camiseta blanca, que la había dibujado con un rotulador, añadiéndole un collar, botones en la parte e delante, también un bolsillo en el pecho con la inscripción “El rey de la pista” con una bonita letra.
- Vamos a hacerlo, ¿en serio? – preguntó.



Reagan y Levi eran muy buenas con los bolos. Según dijeron, había una bolera en Arnold, pero ni de lejos tan buena como esta.
Ellos tres eran los únicos por debajo de los 40 jugando a los bolos, cosa que no evitó que Levi se parara a hablar con todas y cada una de las personas del edificio. Habló con el chico que repartía los zapatos, con la pareja de jubilados en la otra pista, con un grupo de madres que estaban en algo parecido de competición que le echaron de ahí con el pelo despeinado y con un par de botellas de cerveza…
Reagan hacía como que no se daba cuenta.
- Creo que hay un bebé en la esquina al que has olvidado besar – le dijo Cath a Levi.
- ¿Dónde? – sus ojos se entornaron.
- No – dijo ella – Yo sólo estaba… – “Sólo.”
Levi dejó las botellas en la mesa. Llevaba tres vasos de plástico en la otra mano, que dejó caer sobre la mesa, y que cayeron de pie.
- ¿Por qué haces eso?
- ¿El qué? – Él lleno los tres vasos de cerveza, y le alargó uno a ella. Ella cogió uno sin pensárselo, después lo dejó en la mesa sin probarlo, siquiera.
- Ir tan lejos en tu intento de ser bueno con todo el mundo.
Él sonrió, pero ya estaba sonriendo, lo que significa que sólo sonrió más.
- ¿Crees que debería ser más como tú? – preguntó él, después miró afectuosamente a Reagan, que miraba con el ceño fruncido (más de lo normal) el camino de la pelota. – ¿O cómo ella? – Cath puso los ojos en blanco.
- Tiene que haber un feliz punto medio.
- Yo estoy feliz – dijo él – así que supongo que este es el punto medio.
Cath se compró una Coca-Cola de fresa del bar, e ignoró la cerveza. Reagan compró dos platas de nachos con sabor a queso. Levi compró tres pepinillos gigantes que picaban tanto que hizo que a los tres se les saltaran las lágrimas.
Reagan ganó la primera partida. Levi la segunda. Después, en la tercera, habló con el chico que llevaba las puntuaciones, y le pidió que pusiera el modo niño para Cath. Ella aún no había tirado ningún bolo.
A Cath sólo le quedaba dinero para comprarles un sándwich de helado de la máquina a cada uno.
- Realmente soy El Rey de la Pista – dijo Levi – Todo lo que escribo en mis camisetas es verdadero.
- Sin duda será verdadero esta noche en el Muggsy’s – dijo Reagan. Levi rio e hizo una ola con su papel del helado para tirárselo a ella. La forma en que se sonreían el uno al otro hizo que Cath se sintiera forzada a apartar la vista. Parecía que para ellos fuera muy fácil estar juntos. Como si se conocieran a la perfección, por dentro y por fuera. Reagan era más dulce, y más mala, con Levi de lo que lo era con Cath.
Alguien tiró de la coleta de Cath, y su mejilla tuvo que levantarse.
- Vienes con nosotros – dijo Levi – ¿verdad?
- ¿Dónde?
- Fuera. Al Muggsy’s. ¡La noche es joven!
- Y yo también – dijo Cath – No puedo entrar en el Muggsy’s.
- Vas con nosotros – dijo él –, nadie te parará.
- Tiene razón – dijo Reagan – El Muggsy’s es para los expulsados y los alcohólicos desesperados. Los de primer año nunca intentan colarse.
Reagan puso un cigarro en su boca, pero no lo encendió. Levi se lo robó, y lo puso entre sus labios.
Cath casi dijo que sí.
Pero en cambio, negó con su cabeza.



Cuando Cath llegó a su habitación pensó en llamar a Wren, pero en vez de llamarla a ella, llamó a su padre. Él parecía cansado, pero, por lo menos, no estaba intentando cambiar la escaleras por un tobogán acuático, para agilizar el bajar del piso de arriba al de abajo. Y había comido dos Comidas Sanas para cenar.
- Eso parece buena comida – le dijo Cath, intentando sonar esperanzadora.

Ella leyó algo para clase. Después se quedó despierta mucho rato trabajando en Cary On hasta que sus ojos quemaban y sabía que, en el instante que su cabeza tocara la almohada, se dormiría.

12 jul 2014

CINCO.

- Por favor, no me hagas esperar en el pasillo – dijo Levi. Cath pasó por encima de sus piernas para llegar  a la puerta.
- Tengo que estudiar.
- Reagan llega tarde, y ya llevo aquí sentado media hora. – su voz disminuyó hasta ser un susurro – Vuestra vecina, la de las botas rosas, no deja de salir para charlar conmigo. Ten piedad, por favor.
Cath le miró con el ceño fruncido.
- No te molestaré – dijo él – Sólo esperaré silenciosamente a que llegue Reagan.
Ella puso los ojos en blanco y abrió la puerta, dejándola abierta detrás de ella.
- Veo que Reagan y tú os lleváis bien – Levi se levantó y la siguió – Ambas podéis ser extremadamente bruscas, cuando queréis.
- No nos llevamos bien.
- Eso no es lo que yo he oído… Eh, ahora que comes en el comedor, ¿puedo comerme tus barritas energéticas?
- Ya te comías mis barritas energéticas – dijo Cath indignada, sentándose en su escritorio y abriendo el portátil.
- Me sentía mal haciéndolo a tus espaldas.
- Bien.
- Pero, ¿no estás más feliz ahora? – se sentó en la cama de Cath y se apoyó en la pared, cruzando sus largas piernas por los tobillos. – Yo te veo más nutrida.
- Em… ¿Gracias?
- Así, ¿qué?
- ¿Qué, de qué? – dijo ella, y él sonrió.
- ¿Puedo tomar una barrita energética?
- Eres increíble. – Levi se estiró por encima de la cama, y buscó una debajo la cama.
- Las de arándano son mis favoritas.
En realidad, Cath estaba más feliz ahora, aunque jamás se lo admitiría a Levi. Además, ser el caso de caridad de Reagan no requería mucho, sólo ir a cenar con ella y ayudarla a criticar a todo aquél que pasara cerca de su mesa.
A Reagan le gustaba sentarse al lado de la puerta de la cocina, justo donde empezaba la cola del bar. Ella lo llamaba el sitio de los desfiles, y nadie se salvaba-
- Mira – dijo la última noche – Ella es Gimpy. ¿Sabes cómo se rompió la pierna? – Cath miró arriba hacia el chico, un peligroso observador-de-culos, con el pelo desordenado y unas gafas un poco demasiado grandes para su cara.
- Probablemente tropezó con su barba.
- ¡Ha! – rió Reagan – Su novia lleva su bandeja. Sólo mírala, parece un pequeño y tímido unicornio. ¿Crees que se conocieron en un buscador de pareja de internet?
- Creo que se conocieron en Nueva York, y les costó cinco años llegar a donde están.
- Oh, Chica-Lobo a las tres en punto. – dijo Reagan emocionada.
- ¿Lleva la coleta con clips?
- No lo sé, espera… No. Maldita sea.
- De alguna forma, me gusta su coleta. – dijo Cath sonriendo a la chica gordita con el pelo negro teñido.
- Si Dios me ha puesto en tu camino para evitar que lleves una jodida coleta como esa – dijo Reagan – Acepto el encargo.
De lo que Reagan se estaba preocupando, Cath ya era extrañamente problemática.
- Es suficientemente malo que tengas posters hechos a mano de Simon Snow. – dijo Reagan la última noche, mientras se preparaba para ir a la cama. – ¿Tienes que tener posters hechos a mano de un Simon Snow gay? – Cath miró el poster sobre su escritorio en el que Simon y Baz se cogían de la mano.
- Déjales en paz – dijo ella – Están enamorados.
- Estoy bastante segura de no haber leído nada de eso en los libros.
- Cuando yo les escribo – dijo Cath – ellos están enamorados.
- ¿Qué significa que les escribes? – Reagan se aturó, poniéndose su camiseta por la cabeza – No, ¿sabes qué? Olvídalo. No quiero saberlo. Ya es suficientemente difícil mantener contacto visual contigo.
Levi tenía razón, estaban empezando a llevarse bien, porque cuando Reagan decía cosas como esa, a Cath le daban ganas de reír. Si Reagan no podía ir a cenar, Cath bajaba al comedor igualmente, y se sentaba en su mesa. Después, cuando Reagan llegaba más tarde a la habitación, si es que volvía a la habitación, Cath le contaba todo lo que se había perdido.
- El chico de las sandalias de fútbol finalmente se ha atrevido a hablar con la Lindsay Lohan Venezolana. – dijo Cath.
- Gracias a Dios – Contestó Reagan, acurrucándose en su cama – la tensión  sexual me estaba matando.
Cath no estaba segura de dónde iba Reagan las noches que no volvía a la habitación. Maybe en casa de Levi. Cath estaba mirando por encima a Levi, ahora mismo…
Aún sentado en la cama de Cath, comiendo lo que debía ser su segunda barrita energética de arándanos. Llevaba unos tejanos negros, y una camiseta también negra. Quizás Levi trabajaba en el Jardín de Olivas, también.
- ¿Eres camarero? – preguntó ella.
- ¿Ahora mismo? No.
- ¿Trabajas en el puesto de Lancôme?
- ¿Qué? – él rió.
- Estoy intentando averiguar por qué a veces vas todo de negro.
- Quizás soy gótico y oscuro. – sonrió. – Pero solo en algunos días. – Cath no podía imaginar a Levi siendo gotico y oscuro; tenía la cara más sonriente que ella había visto jamás. Su sonrisa iba de oreja a oreja, siempre. Su frente se arrugaba, y sus ojos se achinaban cuando sonreía. Incluso sus orejas se ponían en acción, se movían, como las de los perros. – O quizás es sólo que trabajo en Starbucks. – dijo él. Ella resopló.
- ¿En serio?
- En serio. – dijo él, sonriendo aún – Algún día necesitarás seguro médico, y no pensarás que trabajar en Starbukcs es divertido.
Levi y Reagan siempre hacían eso, recordarle a Cath lo joven e ingenua que era. Reagan era sólo dos años mayor que Cath. Ni siquiera tenía edad para beber. Legalmente no. No es que eso importara mucho en el campus; había alcohol por todas partes. Wren ya tenía un carnet de identidad falso.
- Puedes cogerlo, si quieres – le dijo a Cath – di que te has puesto extensiones.
Cath quería saber qué edad tenía Levi. Parecía suficientemente mayor como para poder beber, pero quizás era sólo por su pelo…
No es que Levi fuera calvo, o algo parecido a calvo, todavía; pero el comienzo de su pelo tenía un pico, y después retrocedía dramáticamente hasta las sienes. Tenía entradas. Y, en vez de dejar que su pelo cayera hacia los lados, para que no se vieran tanto, o en vez de rendirse y cortárselo muy corto, como harían la mayoría de chicos; Levi se lo peinaba recto hacia arriba, un poco hacia atrás, creando una especie de tupé descuidado. Y siempre estaba jugando con él, haciendo que se preste más atención a sus grandes y marcadas entradas. Lo estaba haciendo ahora mismo.
- ¿En qué estás trabajando? – preguntó el, pasando sus largos dedos por el pelo, y apoyando sus manos en la parte trasera de su cabeza.
- Estoy intentando estudiar, en silencio – dijo ella.



Cath sólo había colgado un capítulo de Carry On, Simon esta semana, y era la mitad de largo de lo habitual. Solía publicar algo en su cuenta de FanFixx cada noche, si no era un capítulo entero, por lo menos una entrada en el blog.
Lo comentarios en su página habían sido buenos toda la semana… “¿cómo estás?” “Esperando nuevos capítulos…” “¡¡No puedo esperar al siguiente capítulo!!” “Dios, necesito mi ración diaria de Baz.” Pero, para Cath, cada uno de los comentarios era una petición.
Acostumbraba a leer y responder cada comentario de su historia, que eran como estrellas de oro, pero nunca des de que Carry On, Simon empezó, el año pasado, había sido demasiado para Cath. Pasó de tener unos 5 centenares de votos por capítulo, a tener 5 mil. Regularmente. Después pasó a ser una de las más importantes en la mayor página de fans, Fic-sation, llamada Carry on “la historia del octavo año”, y la página de FanFixx de Cath empezó a tener 35mil votos diarios.
Ella aún intentaba responder todos los comentarios y preguntas tanto como podía. Pero ya no era lo mismo. Ya no escribía para Wren y los amigos que ellas hacían en los foros de fans de Simon Snow. Ya no eran unas cuantas chicas escribiendo historias de cumpleaños, o historias para hacer sonreír, o divertidísimas historias de hice-esto-para-haceros-reír…
Cath tenía una audiencia ahora, unos seguidores. Toda esa gente que ella no conocía, que esperaban cosas de ella y discutían sus elecciones. A veces incluso la criticaban. Se burlaban de ella en otras páginas de fans, diciendo que Cath era buena antes, pero que ahora estaba perdiendo su magia; que su Baz estaba demasiado canonizado, o no suficientemente canonizado; que su Simon era un pervertido; que elaboraba demasiado a Penélope…
- No les debes nada – diría Wren, gateando sobre su cama a las tres de la madrugada, y cogiéndole el portátil a Cath. – Vete a dormir.
- Lo haré. Sólo esto… Quiero acabar esta escena. Creo que Baz finalmente va a decirle a Simon que le quiere.
- Seguirá queriéndolo mañana.
- Es un gran capítulo.
- Siempre son grandes capítulos.
- Es diferente esta vez – diría Cath, que es lo que había estado diciendo durante el último año – Es el final.
Wren tenía razón: Cath había escrito esta historia, Baz y Simon enamorados, docenas de veces antes. Ella había escrito esta escena, esta frase “Snow… Simon, te quiero” de cincuenta maneras diferentes
Pero Carry On era diferente.
Era la historia más larga que ella había escrito jamás; ya era más larga que cualquiera de los libros de Gemma T. Leslie, y Cath sólo llevaba tres tercios de la historia.
Carry On estaba escrito como si fuera el octavo libro de la saga de Simon Snow, como si el trabajo de Cath fuera atar los cabos sueltos, para asegurarse que Simon ascendía a Mago, para llenar a Baz (algo que Gemma T. Leslie no haría nunca), para hacer que ambos chicos se olvidaran de Agatha… Para escribir todas las escenas de despedida, y las escenas de la graduación, y las revelaciones de último minuto… Y para situar la batalla final entre Simon y el Malvado Humdrum.
Ahora todos escribían historias de octavo año en el fandom. Todo el mundo quería dar su opinión del final, antes de que el último libro de Simon Snow saliera en Mayo.
Pero, para muchos, Carry On era el último libro.
La gente siempre le decía a Cath que ya no podían leer los libros de la misma forma después de leer su historia (“¿Por qué Gemma odia a Baz?”)
Alguien incluso empezó a vender camisetas por internet en las que ponía “Keep Calm and Carry On” con una foto de Baz y Simon mirándose el uno al otro. Wren compró una a Cath por su decimoctavo cumpleaños.
Cath intentaba que no se le subiera todo a la cabeza. “Estos personajes le pertenecen a Gemma T. Leslie” escribía al principio de cada nuevo capítulo.
- Le perteneces a Gemma – dijo ella al poster de Baz que estaba sobre su cama en casa – Sólo te he cogido prestado.
- No lo has cogido prestado – dijo Wren – Tú le has raptado y lo has criado como si fuera tuyo.
Si Cath estaba despierta hasta muy tarde escribiendo, demasiadas noches seguidas, si se estaba obsesionando con los comentarios y las críticas; Wren solía cogerle el portátil y dormir abrazada a él como si fuera un osito de peluche.
En noches como esa, Cath siempre podía ir abajo y seguir escribiendo en el ordenador de papá si realmente quería, pero no le gustaba pelearse con Wren. Se escuchaban la una a la otra cuando nadie más quería escuchar.
Cath empezó a escribir una entrada en su cuenta de Fanfixx. Deseó que Wren estuviera ahí para leerlo antes de que ella lo publicara.

Hola chicos,
Creo que empieza a ser hora de que admita que la universidad es difícil. ¡La Universidad es difícil! O, por lo menos, roba-tiempo. Y probablemente no podré colgar nada de Carry On tanto como solía, ni tanto como me gustaría.
Pero no voy a desaparecer, lo prometo. Y no me estoy rindiendo. Ya tengo pensado como acabará todo esto, y no voy a parar hasta que legué ahí.



Nick miró hacia atrás des de su mesa, tan pronto como la clase terminó.
- Serás mi pareja, ¿no?
- Sí. – Dijo Cath, viendo cómo la chica a mi lado se desilusionaba. Probablemente porque ella quería trabajar con Nick.
Cada uno de ellos debía encontrar una pareja y escribir una historia juntos, fuera de clase, escribiendo parágrafos entre ambos. La idea del ejercicio, según dijo la profesora Piper, era que ellos fueran muy conscientes del argumento y del narrador, y guiar sus mentes a partes que nunca habían visto dentro de sí mismos.
Nick quería quedar en el campus, en la biblioteca Amor. Ese era el verdadero nombre, gracias por su donación, Alcalde Lathrop Amor. Nick trabajaba ahí algunas noches a la semana, almacenando los libros por categoría.
Reagan miró de manera sospechosa a Cath cuando ésta empezó a guardar su portátil después de cenar.
- ¿Vas a salir de la habitación después de oscurecer? ¿Tienes una cita? – dijo como si la idea de Cath en una cita fuera una broma.
- He quedado para estudiar.
- No vuelvas a casa sola, es tarde. – dijo Levi. Reagan y él tenían apuntes de clase esparcidos por todo el suelo de la parte de Reagan.
- Yo siempre vuelvo sola – le soltó Reagan.
- Es diferente – Levi sonrió amablemente – Tú no tienes esa imagen de Caperucita Roja. Tú das miedo. – Reagan aulló como el Lobo Feroz.
- No creo que los violadores se paren a pensar en la confianza que tiene cada uno. – dijo Cath.
- ¿No lo crees? – Levi la miró seriosamente – Yo creo que buscan una presa fácil. La joven e ingenua. – Reagan resopló. Cath envolvió su cuello con su bufanda.
- No soy ingenua… – murmuró ella. Levi se levantó de la cama de Reagan y se puso su chaqueta verde.
- Vamos – dijo.
- ¿Por qué?
- Te acompañaré hasta la biblioteca.
- No tienes que hacerlo – Discutió Cath.
- No he salido de aquí des de hace dos horas. No me importa.
- No, en serio…
- Sólo ve, Cath – dijo Reagan – Serán cinco minutos, y si te violan ahora, será nuestra culpa. No tengo tiempo para el dolor.
- ¿Vienes? – le preguntó Levi a Reagan.
- Joder, no. Hace frío fuera.
Hacía frío fuera. Cath caminó tan deprisa como pudo. Pero Levi, tan largas como eran sus piernas, no se dio ninguna prisa.
Él intentaba hablar con Cath sobre los búfalos. Ella podría decir, sin miedo a equivocarse, que Levi tenía una clase entera en la que solamente hablaban sobre búfalos. Parecía como si fuera hacer un máster sobre búfalos, si eso fuera posible. Quizás lo era.
Esta escuela estaba constantemente recordando a Cath lo rural que era Nebraska, algo en lo que nunca antes se había parado a pensar, habiendo crecido en Omaha, la única ciudad real del estado. Cath había pasado por Nebraska algunas veces, cuando iba hacia Colorado, y había visto los campos de maíz, pero nunca había pensado mucho en esto, en la gente que vivía en esas zonas.
Levi y Reagan eran de un pueblucho llamado Arnold, el cual, según Reagan, era y olía a estiércol.
- El pueblo de Dios – lo llamaba Levi – De todos los dioses. Brahma y Odin lo amarían.
Levi seguía hablando sobre búfalos, incluso cuando ellos ya  habían llegado a la biblioteca. Cath subió el primer escalón, deseando con todas las fuerzas entrar en calor. Sobre ese escalón, ella era casi tan alta como él.
- ¿Ves lo que te digo? – preguntó él.
- Vacas, mal. Búfalos, bien. – asintió ella.
- Vacas, bien. – dijo él – Búfalos, mejor. – después él le sonrió de costado a ella perezosamente – esto es muy importante, ¿sabes? Por eso te lo cuento.
- Vital – dijo ella – Ecosistemas. Ciclo del agua. Musarañas en peligro de extinción.
- Llámame cuando acabes, caperucita. – “No,” pensó Cath, “ni siquiera sé tú número.” Levi ya se estaba marchando. – Estaré en tu habitación – dijo él por encima de su hombro – Llámame ahí.



La biblioteca tenía seis pisos por encima del suelo, y dos por debajo. Los subterráneos, donde estaban los almacenes, tenían una forma rara, y sólo eran accesibles por algunas escaleras concretas; casi parecía como si los almacenes estuvieran situados debajo de los edificios del campus.
Nick trabajaba en los almacenes del norte, en una habitación blanca y larga, que era casi un bunker anti-misiles con estanterías. Siempre había una especie de brisa, daba igual dónde estuvieras, y daba igual que Cath no pudiera ver ninguna ventana o puerta abierta; algunas partes de la habitación tenían su propio viento. En la mesa en la que estaban trabajando, Nick tenía que poner un boli sobre l libreta para que las páginas no volaran.
Nick escribía a mano.
Cath estaba intentando convencerle de que era mejor escribir con el ordenador.
- Pero entonces no nos diferenciaríamos – dijo él – No veríamos las dos manos escribiendo en el mismo papel.
- No puedo escribir sobre papel – dijo ella.
- Perfecto – dijo Nick – Este ejercicio se trata de dejar de hacer lo mismo de siempre.
- Vale – Suspiró ella. Discutir no servía de nada ya, él había apartado su ordenador.
- Vale – Nick cogió el boli y lo destapó con los dientes. – Empiezo yo.
- Espera – dijo Cath – tenemos que decidir qué tipo de historia vamos a hacer.
- Ya verás.
- Eso no es justo – ella se estiró hacia delante, mirado la hoja de papel vacía. – No quiero escribir sobre, uhm… Cuerpos muertos, ni uhm… Cuerpos desnudos.
- Me estás diciendo que cuerpos no.
Nick escribía con letra ligada, medio cursiva. Era zurdo, así que repartía tinta azul por el papel mientras escribía. “Necesitas un cuadernillo de caligrafía” pensó Cath, intentando leer su escritura del revés des del otro lado de la mesa. Cuando él le pasó la libreta, ella casi no podía leerlo, incluso estando del derecho.
- ¿Qué es esto? – preguntaba, señalando algo parecido a una palabra.
- Retinas.

Ella está de pie en el aparcamiento de coches. Y ella está parada debajo de una farola. Y su pelo tan rubio te muestra sus brillos, que te están quemando las retinas. Ella se estira y te coge la camiseta. Y ahora está apoyada sólo sobre sus dedos, de puntillas. Se está acercando cada vez más a ti. Huele a té negro y a Marlboro, y cuando su boca toca tu oreja, te preguntas si recuerda tu nombre.

- Así que... – dice Cath – ¿En presente?
- Y segunda persona. – Confirma Nick.
Cath le miró con el ceño fruncido.
- ¿Qué pasa? – preguntó él – ¿No adoras las historias de amor?
Cath podía sentir el color subiendo a sus mejillas, e intentó parar. “Mantente guay, Caperucita”. Cogió su mochila para buscar un boli.
Le costaba mucho escribir sin teclear, y le costaba escribir con Nick mirándola como si él acabara de darle a ella una patata caliente.

“Por favor, no se lo cuentes a Mamá,” se ríe ella.
“De todo, ¿qué es lo que no tengo que contarle?” le preguntas “¿Lo del pelo, o lo de los cigarrillos hípsters?”
Ella estira de tu camiseta, y le empujas la espalda como si tuviera 12 años. Y prácticamente los tiene, es muy joven. Y tú estás muy cansado. Y qué pensará Dave si tú te has ido de vuestra cita para cuidar de tu estúpida, estúpidamente rubia, hermanita.
“Eres un inútil, Nick” dice ella. Y ella está tambaleándose. Y ella se vuelve balanceándose hasta la farola.

Cath giró la libreta y se la pasó a Nick. Él puso su lengua en su mejilla interior, y sonrió.
- Así que, tenemos un narrador gay – dijo él – Y tiene mi nombre…
- Adoro las historias de amor – dijo Cath.
Nick asintió unas cuantas veces más.
Y después ambos empezaron a reír.



Era casi como escribir con Wren, como cuando ella y Wren se sentaban delante del ordenador, pasándose la una a la otra el teclado y leyendo en voz alta lo que la otra persona había escrito.
Cath siempre escribía la mayoría de diálogos. Wren era más buena en el argumento y en los sentimientos. A veces Cath escribía todas las conversaciones, y Wren las situaba, decidiendo dónde estaban Simon y Baz  dónde iban. Una vez Cath escribió lo que ella pensaba que era una escena amor, y Wren la convirtió en una pelea de espadas.
Incluso cuando dejaron de escribir juntas, Cath seguía persiguiendo a Wren por la casa , suplicándola ayuda, siempre que no podía hacer que Simon y Baz hicieran nada, aparte de hablar.
Nick no era Wren.
Nick era más dominante, y exhibicionista. Y también, obviamente, un hico. De cerca, sus ojos eran más azules, y sus cejas estaban prácticamente juntas. Él lamía sus labios mientras escribía, y apoyaba la lengua en sus dientes.
A su favor, él aceptó el tema del protagonista gay casi de inmediato. Incluso cuando Cath le daba al gay-ficticio-Nick unas cejas negras y gruesas, y unos ojos muy azules.
El Nick real tenía problemas con lo de los turnos, él estaba empezando a quitarle la libreta de las manos a Cath antes de que ella acabara de escribir, y su boli verde pintaba líneas a través de la página.
- Espera – decía ella.
- No, tengo una idea, y estás a punto de arruinarla.
Ella intentaba que sus parágrafos tuvieran el estilo de Nick, pero su propio estilo aparecía constantemente. Y entonces se dio cuenta de que él también estaba intentando imitarla a ella.
Después de unas cuantas horas, Cath empezaba a bostezar mucho, y su historia era el doble de larga de lo que tenía que ser.
- Nos costará la vida pasarlo a ordenador – dijo ella.
- Pues no lo pases. Lo entregamos así. – Cath miró al papel manchado de verde y azul.
- Es nuestra única copia.
- Pues no dejes que se la coma tu perro. – se subió la cremallera de su sudadera gris, y cogió su vieja chaqueta – Es medianoche. Tengo que irme. – El carrito de libros al lado de la mesa todavía estaba lleno de libros.
- ¿Y estos? – preguntó Cath.
- La chica del turno de mañana puede hacerlo. Le recordará que está viva.
Cath arrancó su historia con cuidado de la libreta de Nick, y la puso en su mochila, después le siguió hasta la escalera de caracol. No vieron a nadie más mientras subían a la primera planta.
Era diferente estar con él, ahora. Diferente incluso de hace unas horas. Divertido. Cath no se sentía como si estuviera enterrada bajo 8 capas de miedo y de ansiedad diagnosticable. Nick caminaba justo a su lado en las escaleras, y hablaban como si aún estuvieran pasándose la libreta entre ellos.
Cuando salieron, se pararon en el camino de salida.
Cath sintió algunos de sus nervios arrastrándose de vuelta hacia ella. Ella jugueteó con los botones de su chaqueta.
- Perfecto – dijo Nick, colgándose la mochila – ¿Nos vemos en clase?
- Claro – dijo Cath – Intentaré no perder nuestra novela.
- Nuestra primera novela. – dijo él, tomando el camino que llevaba fuera del campus – Buenas noches.
- Buenas noches – le vio marcharse, a él y a su mochila azul, bajo la luz de la luna.
Y después estaba sólo Cath fuera en la entrada de la biblioteca. Cath y unos cien árboles que no se había dado cuenta que estaban ahí durante el día. Las luces de la biblioteca se apagaron detrás de ella, y su sombra desapareció.
Cath suspiró y sacó su teléfono, tenía dos mensajes de Abel que ignoró, y marcó el número de su habitación, deseando que su compañera de habitación no estuviera dormida.
- ¿Hola? – contestó Reagan después del tercer pitido. Se oía música de fondo.
- Soy Cath.
- Bueno, hola, Cath, ¿cómo fue tu cita?
- No era una… Mira, ahora iré a casa. Seré rápida. Ya estoy caminando.
- Levi se fue tan pronto como escuchó el teléfono, así que tendrás que esperarle, por lo menos.
- No tiene por qué…
- Será más molesto más si no te encuentra.
- Vale – dijo Cath, rindiéndose – Gracias, supongo.
Reagan colgó.
Cath se quedó quieta al lado de una farola, de modo que él la vería a ella, e intentó parecer el Cazador, y no la Caperucita. Levi apareció mucho antes de lo que ella esperaba, corriendo por el camino. Incluso corriendo parecía relajado.
Ella empezó a caminar hacia él, pensando que le ahorraría los últimos pasos.
- Catherine – dijo él, parándose cuando se encontraron, y dando la vuelta para ir con ella – Entera, aún.
- Ese – dijo ella – no es mi nombre, siquiera.
- Sólo Cather, ¿eh?
- Sólo Cath.
- ¿Te perdiste en la biblioteca?
- No.
- Yo siempre me pierdo en la biblioteca – dijo él – da igual cuántas veces vaya. De hecho, creo que me pierdo más cada vez que vuelvo. Como si quisiera conocerme mostrándome nuevos pasillos.
- ¿Pasas mucho tiempo en la biblioteca?
- En realidad sí.
- ¿Cómo es eso posible si estás todo el día en mi habitación?

- ¿Dónde crees que duermo? – preguntó él. Y cuando ella le miró, él estaba riéndose.

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Vale, esto no es del libro, but tenía que disculparme por haber tardado tanto a subir otro capítulo. Se me rompió el ordenador y no pude traducir nada.
Por otro lado, a partir de ahora intentaré subir cada sábado (o Domingo a primerísima hora), y si no puedo colgar pondré algo diciendo cuándo colgaré.
No sé cuánta gente lo lee, pero por si alguien lo lee, comentad que os parece.
Seguiré traduciento.
Meh.