“¿Papá? Llámame”
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“Soy Cath, otra
vez. Llámame.”
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“Papá, deja de
ignorar mis mensajes de voz. ¿Escuchas tus mensajes de voz? ¿Sabes hacerlo?
Incluso si no sabes, sé que ves mi número en tus llamadas perdidas. Llámame,
¿vale?”
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“Papá. Llámame. O
llama a Wren. No, llámame a mí. Estoy preocupada, y no me gusta preocuparme por
ti.”
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“No me hagas llamar
a los vecinos. Vendrán a ver cómo estás y no hablas Español, y será
vergonzoso.”
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-
¿Papá?
-
Hola Cath.
-
¡Papá! ¿Por qué no me llamabas? Te he dejado un millón de mensaje.
-
Me has dejado demasiados mensajes. No deberías estar llamándome, ni siquiera
deberías estar pensando en mí. Estas en la universidad, ¡vamos!
-
Sólo es la escuela, papá. No es como si fuéramos enemigos irreconciliables.
-
Cielo, he visto muchas series, como Zoey 101. Y los padres ni siquiera salían
una vez Zoey y su hermano estaban en la escuela. Ahora te toca a ti, se supone
que tienes que ir a fiestas y hace que chicos como Chase se enamoren de ti.
-
¿Por qué todo el mundo quiere que vaya a fiestas?
-
¿Quién quiere que vayas a fiestas? Sólo estaba bromeando. No quiero que salgas
con chicos como Chase, Cath, es un friki. Todo lo que hace es perseguir a
chicas y jugar a videoconsolas.
-
Papás, ¿cómo estás?
-
Estoy bien, cielo.
-
¿Estás solo?
-
Sí
-
¿Estás comiendo?
-
Sí.
-
¿Qué estas comiendo?
-
Comida nutritiva.
-
¿Qué has comido hoy? Y no mientas.
-
Algo ingenioso que he descubierto en QuickTrip: Es una salsa muy buena dentro
una crep, y todo envuelto por un pan de perrito caliente.
-
Papá…
-
Vamos, Cath, me dijiste que no mintiera.
-
¿Podrías ir al mercado o algo así?
-
Sabes que odio el mercado.
-
Venden fruta en QuickTrip
-
¿En serio?
-
Sí, pregunta a quien quieras.
-
Sabes que odio preguntar.
-
Haces que me preocupe por ti.
-
No te preocupes, Cath. Compraré fruta, ¿vale?
-
Esa es una promesa muy floja…
-
Vale, iré al mercado.
-
No mientas, ¿me lo prometes?
-
Te lo prometo.
-
Te quiero.
-
Yo también te quiero. Dile a tu hermana que la quiero.
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“Cath, soy papá. Sé que es tarde, y
probablemente estés durmiendo. ¡Espero que estés durmiendo! Pero he tenido una
idea. Es una buena idea. Llámame.”
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“¿Cath? Soy tu
padre otra vez. Sigue siendo tarde, pero no podía esperar a que llamaras.
¿Sabes que los chicos van al baño arriba? Tu habitación está justo debajo del
baño. Podríamos poner una trampilla. Y una escalera. Sería un atajo secreto al
baño. ¿No es una maravillosa idea? Llámame Cath. Soy tu padre."
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“¡Cath! Mejor que
una escalera, una barra de esas de los bomberos. Seguirías necesitando las
escaleras para ir al baño, pero, Cath, una barra de bombero. Creo que puedo
hacerlo yo mismo, sólo necesito una barra….”
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“¿Papá? Llámame.”
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“Llámame, ¿vale?”
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“Papá, soy Cath.
Llámame.”
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Era
viernes por la noche, y Cath tenía la habitación para ella sola.
Estaba
intentando escribir Carry On, Simon,
pero su cabeza seguía preguntándose… Hoy en clase, la profesora Piper les había
entregado la historia que ella y Nick habían escrito juntos. La profesora había
llenado los bordes de dieces, e incluso había dibujado una caricatura de ella
misma, gritando “10” una decena de veces, por lo menos.
Ella
había pedido a unos cuando equipos, los que lo habían hecho realmente bien, que
leyeran en voz alta en clase. Nick y Cath habían sido los últimos, alternando
parágrafos, de manera que cada uno leía lo que había escrito. Toda la clase
rio. Probablemente porque parecía que Nick estuviera interpretando alguna obra
de Shakespeare. Las mejillas y el cuello de Cath estaban ardiendo cuando se
sentó en su sitio.
Después
de clase, Nick levantó su meñique hacia ella. Cuando ella lo miró, dijo:
-
Vamos, estamos haciendo un juramento. – Ella enroscó su meñique alrededor del
de él, y él lo apretó con fuerza. – Compañeros automáticamente siempre que
necesitemos uno, ¿prometido? – sus ojos eran tan profundos que hacían que todo
lo que decía pareciera más intenso.
-
Prometido – dijo Cath, apartando la vista.
-
Maldita sea – dijo Nick, apartando su mano – somos jodidamente buenos.
-
Creo que no podrá poner más dieces después de nosotros. – dijo Cath siguiéndole
fuera de la habitación – la gente tendrá 9,99 durante los siguientes 8 años por
culpa nuestra.
-
Deberíamos volver a hacerlo – él se paró, de repente, en la puerta. Cath chocó
su cadera con la de él, sin quererlo.
-
Ya hemos hecho un juramento – dijo ella, parándose a su lado.
-
No, yo quiero decir que no sólo para los deberes. Deberíamos volver a hacerlo
sola y únicamente porque fue divertido. ¿Me entiendes? – Estuvo bien. Era la
cosa más divertida que Cath había hecho desde… Bueno, desde que llegó aquí, por
supuesto.
-
Sí – dijo ella – Vale.
-
Trabajo los martes y jueves por la noche – dijo Nick – ¿Podemos quedar el
martes a la misma hora?
-
Perfecto – dijo Cath.
Ella
no había dejado de pensar en esto des de entonces. Se preguntaba qué
escribirían. Ella quería hablar de esto con Wren. Cath había intentado llamar a
Wren antes, pero ella no lo cogió. Ahora eran casi las once.
Cath
cogió el teléfono y marcó el número de s hermano.
-
¿Sí, hermana-hermana? – contestó Wren.
-
Hola, ¿puedes hablar?
-
Claro, hermana-hermana – dijo Wren, riendo.
-
¿Estás fuera?
-
Estoy en la décima planta de Schramm Hall… Es o que visitan todos los turistas
cuando vienen a visitar el Schramm Hall. El Mirador. “Mira el mundo desde la
habitación de Tyler” eso es lo que pone en la postal.
La
voz de Wren era cálida y líquida. Su padre siempre decía que Wren y Cath tenían
la voz igual, pero la de Wren era mucho más lenta que la de Cath, esa era la
diferencia.
-
¿Vas borracha?
-
Estaba borracha – dijo Wren – Ahora creo que estoy algo más.
-
¿Estás sola? ¿Dónde está Courtney?
-
Está aquí. Estoy como sentada sobre sus piernas, pero no completamente.
-
Wren, ¿estás bien?
-
Sí-sí-sí, hermana-hermana. Por eso te he respondido al teléfono, para decirte
que estoy bien. De manera que puedas dejarme en paz por un rato. ¿Vale-vale? –
Cath sintió como se tensaba su cara. Más por dolor que por preocupación.
-
Sólo llamaba para hablar de papá – Cath deseaba que fuera capaz de no usar
tanto la palabra “sólo”. Era lo que decía cuando estaba cabreada, como cuando
alguien se movía mucho cuando ella estaba intentando dormir. – Y de otras
cosas. Cosas de… Chicos. – Wren rio.
-
¿Cosas de chicos? ¿Simon se ha vuelto a enamorar de Agatha? ¿Baz le ha
convertido en un vampiro, otra vez? ¿O es que sus dedos se han enredado en sus
pelos? Estás en la parte en la que Baz le llama ‘Simon’ por primera vez, porque
siempre es una parte dura… Siempre es una triple alarma de fuego. – Cath apartó
el teléfono, de modo que no tocara su oreja.
-
Vete a la mierda – suspiró –. Sólo quería asegurarme que estabas ien.
-
Bien-bien – dijo Wren, con voz monótona. Después colgó.
Cath
dejó el teléfono en su escritorio y se apartó de él, como si fuera algo que le
fuera a morder.
“Wren tiene que estar muy borracha. O morada.
Wren nunca… Wren nunca lo haría. Ella nunca había mentido a Cath sobre Simon y
Baz. Simon y Baz eran…”
Cath
se levantó para apagar la luz. Sus dedos estaban fríos. Se quitó los pantalones
y se estiro debajo las sábanas.
Después
se volvió a levantar para comprobar que la puerta estaba cerrada con llave, y
miró por la rendija si había alguien fuera, en el pasillo desierto.
Se
sentó de nuevo en su cama. Y volvió a levantarse.
Abrió
su portátil, y lo cerró con un golpe.
“Wren tiene que ir
morada. Ella nunca lo haría… Ella sabe lo que son Simon y Baz. Lo que
significan Simon y Baz son…”
Cath
se volvió a estirar en su cama y apretó sus puños contra el edredón, y después
estiró ed su pelo hasta que le dolió.
“Simon y Baz son intocables.”
-
Esto no es divertido hoy – dijo Reagan, mirando sombríamente hacia la puerta el
comedor.
Reagan
siempre estaba de mal humor los fines de semana por la mañana (cuando estaba
por ahí). Bebía mucho y dormía muy poco. No se había lavado el maquillaje de la
noche anterior todavía, y aún olía a sudor y a humo de cigarro. “Esta es la Reagan del día anterior”
pensó Cath.
Pero
Cath no se preocupaba por Reagan, no como se preocupaba por Wren. Quizás porque
Reagan parecía el Lobo Feroz, y Wren sólo era como Cath, pero con un corte de
pelo más bonito.
Una
chica entró en el comedor con una camiseta del equipo de fútbol de Huker, y
unos tejanos. Reagan suspiró.
-
¿Qué pasa? – preguntó Cath
-
Todos visten igual los días de partido – dijo Reagan – Y no puedo ver sus
verdaderos seres feos y deformados… – se volvió hacia Cath – ¿Qué harás hoy?
-
Me esconderé en nuestra habitación.
-
Parece que necesites algo de aire libre.
-
¿Yo? – Cath se atragantó con el mordisco de bocata que acababa de tomar – Tú
parece que necesites renovar tu ADN.
-
Si parece esto es porque estoy viva – dijo Reagan – Porque he tenido
experiencias, ¿me entiendes?
Cath
miró a Reagan, y no pudo evitar sonreír.
Reagan
llevaba lápiz de ojos alrededor de sus ojos. Como una Kate Middleton de culo
duro. Y incluso si era más grande que la mayoría de chicas (caderas grandes,
pecho grande, hombros anchos) ella iba como si el suyo fuera el tamaño que el
resto de chicas quisieran tener. Y todo el mundo lo aceptaba incluido Levi, y
todos los chicos que estaban con ella en la habitación mientras Reagan se
preparaba.
-
No lograrás ser así – dijo Reagan señalando a su resacosa cara – escondiéndote
en tu habitación todo el día.
-
Me lo apunto – dijo Cath.
-
Hagamos algo hoy.
-
Hoy hay partido. Lo más inteligente será quedarse en la habitación y evitar que
nos derrumben la puerta.
-
¿Tienes algo rojo? – preguntó Reagan – Si nos ponemos algo rojo podemos ir por
el campus y pedir bebidas gratis.
El
teléfono de Cath sonó. Ella miró la pantalla. Wren. Colgó y la ignoró.
-
Tengo que escribir, hoy – dijo ella.
Cuando
volvieron a su habitación, Reagan tomó una ducha y se puso maquillaje nuevo,
sentada sobre su escritorio, sujetando un espejo.
Se
fue y volvió unas horas después con
bolsas del Target y con un hico llamado Eric. Después se fue otra vez y no
volvió hasta la puesta de sol. Sola, esta vez.
Cath
seguía sentada en su escritorio.
-
¡Basta! – medio gritó Reagan.
-
Jesús – dijo Cath, girándose hacia ella. Le costó unos segundos que sus ojos
enfocaran algo fuera de la pantalla del ordenador.
-
Vístete – dijo Reagan – Y no discutas. No voy a discutir sobre esto contigo.
-
¿El qué?
-
Eres un pequeño y triste ermitaño, y eso me jode. Así que vístete. Iremos a la
bolera. – Cath rio.
-
¿A la bolera?
-
Oh, vamos – dijo Reagan – Como si los bolos fueran la cosa más patética que
haces. – Cath se levantó del escritorio. Su pierna izquierda se había quedado dormida.
La sacudió.
-
Nunca he jugado a bolos. ¿Qué debería ponerme?
-
¡¿Nunca has jugado a bolos?! – Reagan estaba incrédula - ¿No hay boleras en
Omaha? – Cath se encogió de hombros.
-
En la parte rica, quizás.
-
Ponte lo que sea. Ponte algo que no tenga nada de Simon Snow, de manera que la
gente no asuma que tu cerebro dejó de desenrollarse a los 7 años.
Cath
se puso su camiseta roja de Carry On,
Simon con unos tejanos, y se hizo una cola de caballo. Reagan frunció el
ceño.
-
¿Tienes que llevar tu pelo así? ¿Es un tipo de cosa que lleváis los muermos?
-
Yo no soy muermo.
-
He dicho un tipo de cosa. – alguien picó a la puerta y Reagan abrió.
Levi
estaba ahí, prácticamente daba saltitos de la emoción. Llevaba una camiseta
blanca, que la había dibujado con un rotulador, añadiéndole un collar, botones
en la parte e delante, también un bolsillo en el pecho con la inscripción “El rey de la pista” con una bonita
letra.
-
Vamos a hacerlo, ¿en serio? – preguntó.
Reagan
y Levi eran muy buenas con los bolos. Según dijeron, había una bolera en
Arnold, pero ni de lejos tan buena como esta.
Ellos
tres eran los únicos por debajo de los 40 jugando a los bolos, cosa que no
evitó que Levi se parara a hablar con todas y cada una de las personas del
edificio. Habló con el chico que repartía los zapatos, con la pareja de
jubilados en la otra pista, con un grupo de madres que estaban en algo parecido
de competición que le echaron de ahí con el pelo despeinado y con un par de botellas
de cerveza…
Reagan
hacía como que no se daba cuenta.
-
Creo que hay un bebé en la esquina al que has olvidado besar – le dijo Cath a
Levi.
-
¿Dónde? – sus ojos se entornaron.
-
No – dijo ella – Yo sólo estaba… – “Sólo.”
Levi
dejó las botellas en la mesa. Llevaba tres vasos de plástico en la otra mano,
que dejó caer sobre la mesa, y que cayeron de pie.
-
¿Por qué haces eso?
-
¿El qué? – Él lleno los tres vasos de cerveza, y le alargó uno a ella. Ella
cogió uno sin pensárselo, después lo dejó en la mesa sin probarlo, siquiera.
-
Ir tan lejos en tu intento de ser bueno con todo el mundo.
Él
sonrió, pero ya estaba sonriendo, lo que significa que sólo sonrió más.
-
¿Crees que debería ser más como tú? – preguntó él, después miró afectuosamente
a Reagan, que miraba con el ceño fruncido (más de lo normal) el camino de la
pelota. – ¿O cómo ella? – Cath puso los ojos en blanco.
-
Tiene que haber un feliz punto medio.
-
Yo estoy feliz – dijo él – así que supongo que este es el punto medio.
Cath
se compró una Coca-Cola de fresa del bar, e ignoró la cerveza. Reagan compró
dos platas de nachos con sabor a queso. Levi compró tres pepinillos gigantes
que picaban tanto que hizo que a los tres se les saltaran las lágrimas.
Reagan
ganó la primera partida. Levi la segunda. Después, en la tercera, habló con el
chico que llevaba las puntuaciones, y le pidió que pusiera el modo niño para
Cath. Ella aún no había tirado ningún bolo.
A
Cath sólo le quedaba dinero para comprarles un sándwich de helado de la máquina
a cada uno.
-
Realmente soy El Rey de la Pista –
dijo Levi – Todo lo que escribo en mis camisetas es verdadero.
-
Sin duda será verdadero esta noche en el Muggsy’s – dijo Reagan. Levi rio e
hizo una ola con su papel del helado para tirárselo a ella. La forma en que se
sonreían el uno al otro hizo que Cath se sintiera forzada a apartar la vista.
Parecía que para ellos fuera muy fácil estar juntos. Como si se conocieran a la
perfección, por dentro y por fuera. Reagan era más dulce, y más mala, con Levi
de lo que lo era con Cath.
Alguien
tiró de la coleta de Cath, y su mejilla tuvo que levantarse.
-
Vienes con nosotros – dijo Levi – ¿verdad?
-
¿Dónde?
-
Fuera. Al Muggsy’s. ¡La noche es joven!
-
Y yo también – dijo Cath – No puedo entrar en el Muggsy’s.
-
Vas con nosotros – dijo él –, nadie te parará.
-
Tiene razón – dijo Reagan – El Muggsy’s es para los expulsados y los
alcohólicos desesperados. Los de primer año nunca intentan colarse.
Reagan
puso un cigarro en su boca, pero no lo encendió. Levi se lo robó, y lo puso
entre sus labios.
Cath
casi dijo que sí.
Pero
en cambio, negó con su cabeza.
Cuando
Cath llegó a su habitación pensó en llamar a Wren, pero en vez de llamarla a
ella, llamó a su padre. Él parecía cansado, pero, por lo menos, no estaba
intentando cambiar la escaleras por un tobogán acuático, para agilizar el bajar
del piso de arriba al de abajo. Y había comido dos Comidas Sanas para cenar.
-
Eso parece buena comida – le dijo Cath, intentando sonar esperanzadora.
Ella
leyó algo para clase. Después se quedó despierta mucho rato trabajando en Cary On hasta que sus ojos quemaban y
sabía que, en el instante que su cabeza tocara la almohada, se dormiría.