Ahora Cath tiene que decidir si esta preparada para abrir su corazón a nueva gente y nuevas experiencias, y se está dando cuenta de que con el amor se aprende mucho más de lo que ella hubiera creído posible...

19 jul 2014

SEIS.


“¿Papá? Llámame”
____________
“Soy Cath, otra vez. Llámame.”
____________
“Papá, deja de ignorar mis mensajes de voz. ¿Escuchas tus mensajes de voz? ¿Sabes hacerlo? Incluso si no sabes, sé que ves mi número en tus llamadas perdidas. Llámame, ¿vale?”
____________
“Papá. Llámame. O llama a Wren. No, llámame a mí. Estoy preocupada, y no me gusta preocuparme por ti.”
____________
“No me hagas llamar a los vecinos. Vendrán a ver cómo estás y no hablas Español, y será vergonzoso.”
____________
- ¿Papá?
- Hola Cath.
- ¡Papá! ¿Por qué no me llamabas? Te he dejado un millón de mensaje.
- Me has dejado demasiados mensajes. No deberías estar llamándome, ni siquiera deberías estar pensando en mí. Estas en la universidad, ¡vamos!
- Sólo es la escuela, papá. No es como si fuéramos enemigos irreconciliables.
- Cielo, he visto muchas series, como Zoey 101. Y los padres ni siquiera salían una vez Zoey y su hermano estaban en la escuela. Ahora te toca a ti, se supone que tienes que ir a fiestas y hace que chicos como Chase se enamoren de ti.
- ¿Por qué todo el mundo quiere que vaya a fiestas?
- ¿Quién quiere que vayas a fiestas? Sólo estaba bromeando. No quiero que salgas con chicos como Chase, Cath, es un friki. Todo lo que hace es perseguir a chicas y jugar a videoconsolas.
- Papás, ¿cómo estás?
- Estoy bien, cielo.
- ¿Estás solo?
- Sí
- ¿Estás comiendo?
- Sí.
- ¿Qué estas comiendo?
- Comida nutritiva.
- ¿Qué has comido hoy? Y no mientas.
- Algo ingenioso que he descubierto en QuickTrip: Es una salsa muy buena dentro una crep, y todo envuelto por un pan de perrito caliente.
- Papá…
- Vamos, Cath, me dijiste que no mintiera.
- ¿Podrías ir al mercado o algo así?
- Sabes que odio el mercado.
- Venden fruta en QuickTrip
- ¿En serio?
- Sí, pregunta a quien quieras.
- Sabes que odio preguntar.
- Haces que me preocupe por ti.
- No te preocupes, Cath. Compraré fruta, ¿vale?
- Esa es una promesa muy floja…
- Vale, iré al mercado.
- No mientas, ¿me lo prometes?
- Te lo prometo.
- Te quiero.
- Yo también te quiero. Dile a tu hermana que la quiero.
_____________
Cath, soy papá. Sé que es tarde, y probablemente estés durmiendo. ¡Espero que estés durmiendo! Pero he tenido una idea. Es una buena idea. Llámame.”
_____________
“¿Cath? Soy tu padre otra vez. Sigue siendo tarde, pero no podía esperar a que llamaras. ¿Sabes que los chicos van al baño arriba? Tu habitación está justo debajo del baño. Podríamos poner una trampilla. Y una escalera. Sería un atajo secreto al baño. ¿No es una maravillosa idea? Llámame Cath. Soy tu padre."
_____________
“¡Cath! Mejor que una escalera, una barra de esas de los bomberos. Seguirías necesitando las escaleras para ir al baño, pero, Cath, una barra de bombero. Creo que puedo hacerlo yo mismo, sólo necesito una barra….”
_____________
“¿Papá? Llámame.”
_____________
“Llámame, ¿vale?”
_____________
“Papá, soy Cath. Llámame.”
_____________
Era viernes por la noche, y Cath tenía la habitación para ella sola.
Estaba intentando escribir Carry On, Simon, pero su cabeza seguía preguntándose… Hoy en clase, la profesora Piper les había entregado la historia que ella y Nick habían escrito juntos. La profesora había llenado los bordes de dieces, e incluso había dibujado una caricatura de ella misma, gritando “10” una decena de veces, por lo menos.
Ella había pedido a unos cuando equipos, los que lo habían hecho realmente bien, que leyeran en voz alta en clase. Nick y Cath habían sido los últimos, alternando parágrafos, de manera que cada uno leía lo que había escrito. Toda la clase rio. Probablemente porque parecía que Nick estuviera interpretando alguna obra de Shakespeare. Las mejillas y el cuello de Cath estaban ardiendo cuando se sentó en su sitio.
Después de clase, Nick levantó su meñique hacia ella. Cuando ella lo miró, dijo:
- Vamos, estamos haciendo un juramento. – Ella enroscó su meñique alrededor del de él, y él lo apretó con fuerza. – Compañeros automáticamente siempre que necesitemos uno, ¿prometido? – sus ojos eran tan profundos que hacían que todo lo que decía pareciera más intenso.
- Prometido – dijo Cath, apartando la vista.
- Maldita sea – dijo Nick, apartando su mano – somos jodidamente buenos.
- Creo que no podrá poner más dieces después de nosotros. – dijo Cath siguiéndole fuera de la habitación – la gente tendrá 9,99 durante los siguientes 8 años por culpa nuestra.
- Deberíamos volver a hacerlo – él se paró, de repente, en la puerta. Cath chocó su cadera con la de él, sin quererlo.
- Ya hemos hecho un juramento – dijo ella, parándose a su lado.
- No, yo quiero decir que no sólo para los deberes. Deberíamos volver a hacerlo sola y únicamente porque fue divertido. ¿Me entiendes? – Estuvo bien. Era la cosa más divertida que Cath había hecho desde… Bueno, desde que llegó aquí, por supuesto.
- Sí – dijo ella – Vale.
- Trabajo los martes y jueves por la noche – dijo Nick – ¿Podemos quedar el martes a la misma hora?
- Perfecto – dijo Cath.
Ella no había dejado de pensar en esto des de entonces. Se preguntaba qué escribirían. Ella quería hablar de esto con Wren. Cath había intentado llamar a Wren antes, pero ella no lo cogió. Ahora eran casi las once.
Cath cogió el teléfono y marcó el número de s hermano.
- ¿Sí, hermana-hermana? – contestó Wren.
- Hola, ¿puedes hablar?
- Claro, hermana-hermana – dijo Wren, riendo.
- ¿Estás fuera?
- Estoy en la décima planta de Schramm Hall… Es o que visitan todos los turistas cuando vienen a visitar el Schramm Hall. El Mirador. “Mira el mundo desde la habitación de Tyler” eso es lo que pone en la postal.
La voz de Wren era cálida y líquida. Su padre siempre decía que Wren y Cath tenían la voz igual, pero la de Wren era mucho más lenta que la de Cath, esa era la diferencia.
- ¿Vas borracha?
- Estaba borracha – dijo Wren – Ahora creo que estoy algo más.
- ¿Estás sola? ¿Dónde está Courtney?
- Está aquí. Estoy como sentada sobre sus piernas, pero no completamente.
- Wren, ¿estás bien?
- Sí-sí-sí, hermana-hermana. Por eso te he respondido al teléfono, para decirte que estoy bien. De manera que puedas dejarme en paz por un rato. ¿Vale-vale? – Cath sintió como se tensaba su cara. Más por dolor que por preocupación.
- Sólo llamaba para hablar de papá – Cath deseaba que fuera capaz de no usar tanto la palabra “sólo”. Era lo que decía cuando estaba cabreada, como cuando alguien se movía mucho cuando ella estaba intentando dormir. – Y de otras cosas. Cosas de… Chicos. – Wren rio.
- ¿Cosas de chicos? ¿Simon se ha vuelto a enamorar de Agatha? ¿Baz le ha convertido en un vampiro, otra vez? ¿O es que sus dedos se han enredado en sus pelos? Estás en la parte en la que Baz le llama ‘Simon’ por primera vez, porque siempre es una parte dura… Siempre es una triple alarma de fuego. – Cath apartó el teléfono, de modo que no tocara su oreja.
- Vete a la mierda – suspiró –. Sólo quería asegurarme que estabas ien.
- Bien-bien – dijo Wren, con voz monótona. Después colgó.
Cath dejó el teléfono en su escritorio y se apartó de él, como si fuera algo que le fuera a morder.
Wren tiene que estar muy borracha. O morada. Wren nunca… Wren nunca lo haría. Ella nunca había mentido a Cath sobre Simon y Baz. Simon y Baz eran…”
Cath se levantó para apagar la luz. Sus dedos estaban fríos. Se quitó los pantalones y se estiro debajo las sábanas.
Después se volvió a levantar para comprobar que la puerta estaba cerrada con llave, y miró por la rendija si había alguien fuera, en el pasillo desierto.
Se sentó de nuevo en su cama. Y volvió a levantarse.
Abrió su portátil, y lo cerró con un golpe.
“Wren tiene que ir morada. Ella nunca lo haría… Ella sabe lo que son Simon y Baz. Lo que significan Simon y Baz son…”
Cath se volvió a estirar en su cama y apretó sus puños contra el edredón, y después estiró ed su pelo hasta que le dolió.
Simon y Baz son intocables.”



- Esto no es divertido hoy – dijo Reagan, mirando sombríamente hacia la puerta el comedor.
Reagan siempre estaba de mal humor los fines de semana por la mañana (cuando estaba por ahí). Bebía mucho y dormía muy poco. No se había lavado el maquillaje de la noche anterior todavía, y aún olía a sudor y a humo de cigarro. “Esta es la Reagan del día anterior” pensó Cath.
Pero Cath no se preocupaba por Reagan, no como se preocupaba por Wren. Quizás porque Reagan parecía el Lobo Feroz, y Wren sólo era como Cath, pero con un corte de pelo más bonito.
Una chica entró en el comedor con una camiseta del equipo de fútbol de Huker, y unos tejanos. Reagan suspiró.
- ¿Qué pasa? – preguntó Cath
- Todos visten igual los días de partido – dijo Reagan – Y no puedo ver sus verdaderos seres feos y deformados… – se volvió hacia Cath – ¿Qué harás hoy?
- Me esconderé en nuestra habitación.
- Parece que necesites algo de aire libre.
- ¿Yo? – Cath se atragantó con el mordisco de bocata que acababa de tomar – Tú parece que necesites renovar tu ADN.
- Si parece esto es porque estoy viva – dijo Reagan – Porque he tenido experiencias, ¿me entiendes?
Cath miró a Reagan, y no pudo evitar sonreír.
Reagan llevaba lápiz de ojos alrededor de sus ojos. Como una Kate Middleton de culo duro. Y incluso si era más grande que la mayoría de chicas (caderas grandes, pecho grande, hombros anchos) ella iba como si el suyo fuera el tamaño que el resto de chicas quisieran tener. Y todo el mundo lo aceptaba incluido Levi, y todos los chicos que estaban con ella en la habitación mientras Reagan se preparaba.
- No lograrás ser así – dijo Reagan señalando a su resacosa cara – escondiéndote en tu habitación todo el día.
- Me lo apunto – dijo Cath.
- Hagamos algo hoy.
- Hoy hay partido. Lo más inteligente será quedarse en la habitación y evitar que nos derrumben la puerta.
- ¿Tienes algo rojo? – preguntó Reagan – Si nos ponemos algo rojo podemos ir por el campus y pedir bebidas gratis.
El teléfono de Cath sonó. Ella miró la pantalla. Wren. Colgó y la ignoró.
- Tengo que escribir, hoy – dijo ella.



Cuando volvieron a su habitación, Reagan tomó una ducha y se puso maquillaje nuevo, sentada sobre su escritorio, sujetando un espejo.
Se fue y volvió  unas horas después con bolsas del Target y con un hico llamado Eric. Después se fue otra vez y no volvió hasta la puesta de sol. Sola, esta vez.
Cath seguía sentada en su escritorio.
- ¡Basta! – medio gritó Reagan.
- Jesús – dijo Cath, girándose hacia ella. Le costó unos segundos que sus ojos enfocaran algo fuera de la pantalla del ordenador.
- Vístete – dijo Reagan – Y no discutas. No voy a discutir sobre esto contigo.
- ¿El qué?
- Eres un pequeño y triste ermitaño, y eso me jode. Así que vístete. Iremos a la bolera. – Cath rio.
- ¿A la bolera?
- Oh, vamos – dijo Reagan – Como si los bolos fueran la cosa más patética que haces. – Cath se levantó del escritorio. Su pierna izquierda se había quedado dormida. La sacudió.
- Nunca he jugado a bolos. ¿Qué debería ponerme?
- ¡¿Nunca has jugado a bolos?! – Reagan estaba incrédula - ¿No hay boleras en Omaha? – Cath se encogió de hombros.
- En la parte rica, quizás.
- Ponte lo que sea. Ponte algo que no tenga nada de Simon Snow, de manera que la gente no asuma que tu cerebro dejó de desenrollarse a los 7 años.
Cath se puso su camiseta roja de Carry On, Simon con unos tejanos, y se hizo una cola de caballo. Reagan frunció el ceño.
- ¿Tienes que llevar tu pelo así? ¿Es un tipo de cosa que lleváis los muermos?
- Yo no soy muermo.
- He dicho un tipo de cosa. – alguien picó a la puerta y Reagan abrió.
Levi estaba ahí, prácticamente daba saltitos de la emoción. Llevaba una camiseta blanca, que la había dibujado con un rotulador, añadiéndole un collar, botones en la parte e delante, también un bolsillo en el pecho con la inscripción “El rey de la pista” con una bonita letra.
- Vamos a hacerlo, ¿en serio? – preguntó.



Reagan y Levi eran muy buenas con los bolos. Según dijeron, había una bolera en Arnold, pero ni de lejos tan buena como esta.
Ellos tres eran los únicos por debajo de los 40 jugando a los bolos, cosa que no evitó que Levi se parara a hablar con todas y cada una de las personas del edificio. Habló con el chico que repartía los zapatos, con la pareja de jubilados en la otra pista, con un grupo de madres que estaban en algo parecido de competición que le echaron de ahí con el pelo despeinado y con un par de botellas de cerveza…
Reagan hacía como que no se daba cuenta.
- Creo que hay un bebé en la esquina al que has olvidado besar – le dijo Cath a Levi.
- ¿Dónde? – sus ojos se entornaron.
- No – dijo ella – Yo sólo estaba… – “Sólo.”
Levi dejó las botellas en la mesa. Llevaba tres vasos de plástico en la otra mano, que dejó caer sobre la mesa, y que cayeron de pie.
- ¿Por qué haces eso?
- ¿El qué? – Él lleno los tres vasos de cerveza, y le alargó uno a ella. Ella cogió uno sin pensárselo, después lo dejó en la mesa sin probarlo, siquiera.
- Ir tan lejos en tu intento de ser bueno con todo el mundo.
Él sonrió, pero ya estaba sonriendo, lo que significa que sólo sonrió más.
- ¿Crees que debería ser más como tú? – preguntó él, después miró afectuosamente a Reagan, que miraba con el ceño fruncido (más de lo normal) el camino de la pelota. – ¿O cómo ella? – Cath puso los ojos en blanco.
- Tiene que haber un feliz punto medio.
- Yo estoy feliz – dijo él – así que supongo que este es el punto medio.
Cath se compró una Coca-Cola de fresa del bar, e ignoró la cerveza. Reagan compró dos platas de nachos con sabor a queso. Levi compró tres pepinillos gigantes que picaban tanto que hizo que a los tres se les saltaran las lágrimas.
Reagan ganó la primera partida. Levi la segunda. Después, en la tercera, habló con el chico que llevaba las puntuaciones, y le pidió que pusiera el modo niño para Cath. Ella aún no había tirado ningún bolo.
A Cath sólo le quedaba dinero para comprarles un sándwich de helado de la máquina a cada uno.
- Realmente soy El Rey de la Pista – dijo Levi – Todo lo que escribo en mis camisetas es verdadero.
- Sin duda será verdadero esta noche en el Muggsy’s – dijo Reagan. Levi rio e hizo una ola con su papel del helado para tirárselo a ella. La forma en que se sonreían el uno al otro hizo que Cath se sintiera forzada a apartar la vista. Parecía que para ellos fuera muy fácil estar juntos. Como si se conocieran a la perfección, por dentro y por fuera. Reagan era más dulce, y más mala, con Levi de lo que lo era con Cath.
Alguien tiró de la coleta de Cath, y su mejilla tuvo que levantarse.
- Vienes con nosotros – dijo Levi – ¿verdad?
- ¿Dónde?
- Fuera. Al Muggsy’s. ¡La noche es joven!
- Y yo también – dijo Cath – No puedo entrar en el Muggsy’s.
- Vas con nosotros – dijo él –, nadie te parará.
- Tiene razón – dijo Reagan – El Muggsy’s es para los expulsados y los alcohólicos desesperados. Los de primer año nunca intentan colarse.
Reagan puso un cigarro en su boca, pero no lo encendió. Levi se lo robó, y lo puso entre sus labios.
Cath casi dijo que sí.
Pero en cambio, negó con su cabeza.



Cuando Cath llegó a su habitación pensó en llamar a Wren, pero en vez de llamarla a ella, llamó a su padre. Él parecía cansado, pero, por lo menos, no estaba intentando cambiar la escaleras por un tobogán acuático, para agilizar el bajar del piso de arriba al de abajo. Y había comido dos Comidas Sanas para cenar.
- Eso parece buena comida – le dijo Cath, intentando sonar esperanzadora.

Ella leyó algo para clase. Después se quedó despierta mucho rato trabajando en Cary On hasta que sus ojos quemaban y sabía que, en el instante que su cabeza tocara la almohada, se dormiría.