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¿Has empezado ya tu escena?
Estaban
en el almacén de la biblioteca, el almacén del almacén, y hacía más frío de lo
habitual, el viento hacía que el flequillo de Nick bailara por su frente. “¿El de los chicos también se llama
“flequillo”?” se preguntó Cath.
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¿Por qué hace viento aquí dentro? – preguntó ella.
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¿Por qué hace viento en cualquier parte? – respondió Nick. Esto la hizo reír.
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No lo sé, ¿mareas?
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¿Cuevas de viento?
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Ni siquiera es viento – dijo Cath – es lo que sentimos cuando el tiempo se
sacude hacia delante. – Nick le sonrió. Sus ojos eran delgados pero oscuros,
del mismo color que el interior de su boca.
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Los especializados en inglés sois unos inútiles. – dijo moviendo sus cejas
nerviosamente. Después, él le dio a ella un golpe con el hombro – Así que… ¿Has
empezado tu escena? Seguro que ya la has acabada. Eres jodidamente rápida.
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Practico mucho. – dijo ella.
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¿Practicas la escritura? – Por un momento ella pensó en decirle la verdad. Lo
de Simon y Baz. Lo de colgar un capítulo cada día y tener treinta y cinco mil
votos en cada uno… – Escribo un diario – dijo ella – cada mañana, para
relajarme. ¿Has empezado tu escena?
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Sí – dijo Nick. Estaba dibujando remolinos en el margen de la libreta – tres
veces… Sólo… No estoy seguro de este trabajo.
La
profesora Piper quería que escribieran una redacción con un narrador informal.
Cath la había escrito des del punto de vista de Baz. Era una idea sobre la que
ella llevaba un tiempo pensando; algún día lo convertía en una fanfic real, algún
día, cuando acabara Carry On.
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Esto debería estar chupado para ti – dijo Cath, golpeando el hombro de Nick,
más suavemente que él. – Todos tus narradores son increíbles.
Nick
le había dejado leer algunas di sus historias cortas y los primeros capítulos
de una novela que él empezó cuando era de primer año. Todo esto era oscuro, y
mucho más sucio y mugriento de lo que ella sería capaz de escribir, pero, aun
así, divertido. Y adictivo, en algún modo. Nick era bueno.
A
ella le gustaba sentarse a su lado y ver como todas esas cosas geniales eran
creadas por sus manos. Ver las bromas salir en tiempo real. Ver cómo hacía
encajar las palabras.
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Exacto… – dijo él, lamiendo su labio superior. Prácticamente no tenía labio
superior, solamente tenía una fina línea roja – Por eso creo que tengo que
hacer algo aún más increíble esta vez.
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Vamos – Cath tiró de la libreta – Me toca.
A
Nick siempre le costaba soltar la libreta.
La
primera noche que ellos trabajaron juntos en su historia extracurricular, Nick
apareció con 3 páginas que había escrito en sus tiempos muertos.
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Eso es trampa – dijo Cath cuando lo vio.
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Es el primer empujón – dijo él – para que nos sea más fácil continuar.
Ella
cogió la librea y escribió sobre y entre sus palabras, poniendo nuevos diálogos
en los márgenes y tachando algunas líneas que iban demasiado lejos. A veces
Nick abusaba demasiado de su estilo. Después, ella añadió algunos parágrafos
suyos.
Empezaba
a ser más fácil escribir sobre papel, aunque Cath seguía echando de menos su
teclado…
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Necesito hacer copiar y pegar. – le decía a Nick
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La próxima vez – contestaba él – Trae las tijeras.
Ahora
se sentaban uno al lado del otro cuando escribían, para que fuera más fácil
leer y escribir durante el turno del otro. Cath se sentaba en el lado derecho
de Nick, de manera que sus manos no se chocaran mientras se corregían
mutuamente.
A
Cath le hacía sentirse un poco como una parte de un monstruo de dos cabezas.
Una carrera a tres piernas.
Le
hacía sentirse en casa.
Ella
no estaba segura de lo que Nick sentía…
Ellos
hablaban, mucho, antes de la clase, y durante la clase, Nick se balanceaba
hacia atrás con la silla para hablar. A veces, después de clase, Cath hacía
como que tenía que pasar por Bessey Hall, donde estaba la siguiente clase de
Nick, incluso cuando no había nada pasado el Bessey Hall, excepto el campo de
fútbol. Gracias a Dios, Nick nunca preguntó a dónde iba.
Él
tampoco preguntaba nada de eso cuando salían de la biblioteca por la noche.
Siempre se paraban en las escaleras por un minuto mientras Nick se ponía la
mochila en la espalda, y se ataba la bufanda azul alrededor de su cuello.
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Te veo en clase – decía después de ponerse la bufanda, y se iba.
Si
Cath supiera si Levi estaba en su habitación, le llamaría y esperaría a que
llegara a recogerla. Pero la mayoría de noches marcaba el 911 en el móvil, y
corría de vuelta a la habitación, con el dedo sobre el botón de llamada.
Wren
estaba haciendo algún tipo de dieta rara.
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Es la dieta de las perras delgadas – dijo Courtney.
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Es ser vegano – aclaró Wren.
Hoy
era Viernes de Fajitas en el Selleck. Wren tenía un plato lleno de pimientos
verdes y cebolla a la parrilla, y dos naranjas. Llevaba unas semanas comiendo
cosas así.
Cath
se preocupaba por ella. Wren llevaba ropa que Cath se había puesto algunas
veces, así que sabía cómo quedaba. El jersey de Wren aún estaba ajustado por la
parte de su pecho; sus tejanos aún estaban demasiado bajos en su culo. Wren y
ella tenían un culo grande, a Cath le gustaba llevar camisetas y jerséis que
llegaran hasta su cadera. Wren prefería vestir cosas que llegaran sólo hasta la
cintura.
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Te ves igual – dijo Cath – Te sigues pareciendo a mí, y mira lo que estoy
comiendo – Cath estaba comiendo Fajitas de ternera con salsa agridulce y tres
tipos de queso.
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Sí, pero tú no bebes.
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¿Eso forma parte de la dieta de las perras delgadas?
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Somos perras delgadas durante la semana – dijo Courtney – Y perras borrachas
durante los fines de semana. – Cath intentó hacer coincidir su mirada con la de
Wren.
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Yo no creo que quiera aspirar a ser ningún tipo de perra.
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Demasiado tarde – dijo Wren, y cambió de tema – ¿Quedaste con Nick anoche?
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Sí – dijo Cath, y sonrió. Ella intentó convertirlo en una sonrisa de
satisfacción, pero eso hizo que su nariz se arrugara como la de un conejito.
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¡Oh, Cath! – dijo Courtney – Estábamos pensando que nosotras podríamos hacer
que pasamos casualmente por la biblioteca alguna noche, y nos los presentas.
¿Los Martes y los Jueves, no?
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No. Ni de coña. No, no, no. – Cath miró a Wren – No. ¿Vale? Di vale.
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Vale – Wren apuñaló uno de los pimientos con su tenedor, y se lo llevó a la
boca – Pero, ¿qué problema hay?
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No hay ningún problema – dijo Cath – pero si vinierais, podría parecer un gran
problema. Destrozarías mi estrategia de: “Hey,
que tal, ¿quieres quedar? Ah, guay”.
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¿Tienes una estrategia? – preguntó Wren – ¿Implica besarte con él?
Wren
no dejaría en paz el tema de los besos. Des de que Abel se deshizo ce Cath,
Wren estaba todo el día sobre ella diciéndole que persiguiera sus pasiones, y
que liberara la bestia que había dentro de ella.
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¿Qué tal él? – decía ella, señalando a algún chico guapo mientras hacían cola
para la comida – ¿Quieres besarle?
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No quiero besar a ningún desconocido – Contestaba Cath – No estoy interesada en
unos labios sin contexto.
Sólo
era verdad en parte.
Desde
que Abel cortó con ella… Des de que Nick había empezado a sentarse a su lado…
Cath seguía notando cosas.
Chicos.
Muchos
Chicos.
Por
todas partes.
En
serio, por todas partes. En sus clases. En el consejo de estudiantes. En el
dormitorio, en las plantas por encima y por debajo de la suya. Y ella podría
jurar que no se parecían en absoluto a los del instituto. “¿Cómo podía un año marcar tanta diferencia?”. Cath se encontraba a
si misma mirando sus cuellos, y su manos. Ella había encontrado la fuerza de
sus mandíbulas, la manera en la que sus pechos sobresalían de sus camisetas, su
pelo…
Las
cejas de Nick llegaban casi hasta el comienzo de su pelo, y sus patillas
invadían parte de sus mejillas. Cuando ella se sentaba detrás de él en clase,
ella podía ver el movimiento debajo de la camiseta de los músculos de su hombro
izquierdo mientras escribía.
Incuso
Levi era una distracción. Una casi constante distracción. Con su largo y
bronceado cuello. Y su nuez moviéndose por su cuello cuando él se reía.
Cath
se sentía diferente. Convertida. Loca por los hombres, incluso si ninguno de
estos parecía realmente un hombre. Y, por una vez, la última persona con la que
quería hablar sobre esto, era Wren. Todos era la última persona con la que Cath
quería hablar de esto.
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Mi estrategia – le dijo a Wren – es asegurarme de que no conozca a mi más
bonita y delgada hermana gemela.
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No creo que importase – dijo Wren. Cath notó que ella no estaba discutiendo la
parte de “más bonita y delgada” – Parece que le gusta cómo piensas, tu cerebro.
Y yo no tengo tu cerebro.
No
lo tenía. Y Cath no entendía eso en absoluto. Tenían el mismo ADN. El mismo carácter, y la misma educación.
Cualquier diferencia entre ellas, no tenía sentido.
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Ven a casa conmigo este fin de semana – dijo Cath de repente. Ella se iba a
Omaha esa noche. Wren ya le había dicho que no quería ir. – Sabes que papá nos
echa de menos. – dijo Cath – Vamos. – Wren miró a su bandeja.
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Ya te lo he dicho, tengo que estudiar.
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Hay un partido aquí este fin de semana – dijo Courtney – No tendremos que estar
sobrias hasta el lunes a las 11.
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¿Has llamado a Papá, siquiera? – preguntó Cath.
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Nos hemos mandado correos – dijo Wren – se le ve bien.
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Nos echa de menos.
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Se supone que tiene que echarnos de menos, es nuestro padre.
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Sí – dijo Cath suavemente – pero él es diferente.
Wren
levantó la cabeza, y miró a Cath, diciendo que no suavemente con su cabeza.
Cath se levantó de la mesa.
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Será mejor que me vaya, tengo que pasar por la habitación antes de ir a clase.
Cuando
la profesora Piper pidió sus redacciones esa tarde, Nick cogió la de Cath de su
mano. Ella cogió de nuevo su hoja. Él levantó una ceja.
Ella
le guiñó el ojo, y sonrió. Hasta pasado un rato no se dio cuenta que le estaba
enseñando una de las sonrisas de Wren. Una de sus evangélicas sonrisas.
Nick
presionó su lengua contra su mejilla, y miró a Cath durante un segundo, antes
de darse la vuelta. La profesora Piper cogió el papel de la mano de Cath.
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Gracias, Cath. – Ella sonrió ampliamente y apretó el hombro de Cath – Casi no
puedo esperar a leerlo.
Nick
negó con la cabeza ante esto. Con sus labios dijo “Mimada” aunque no emitió
ningún sonido.
Cath
se planteó alargar sus manos a la parte trasera de la cabeza de Nick, y
acariciarle el cabello hasta llegar a su espalda.