Ahora Cath tiene que decidir si esta preparada para abrir su corazón a nueva gente y nuevas experiencias, y se está dando cuenta de que con el amor se aprende mucho más de lo que ella hubiera creído posible...

23 ago 2014

NUEVE.

      Cath tenía una hora o así libre antes de  irse a Omaha, y no le apetecía quedarse en la habitación. Hacía el típico día perfecto de Noviembre. Frío y húmedo, pero que no te congelabas, no helaba. Sólo lo suficientemente fríos como para justificar que llevase sus prendas favoritas, chaquetas, tejanos largos, y unos calentadores en los tobillos.
Ella se planteó ir a la biblioteca Union a estudiar, pero prefirió dar una vuelta por el pueblo de Lincoln. Cath casi nunca salía del campus; no había demasiadas razones para hacerlo. Salir del campus era como cruzar la frontera. ¿Qué haría si perdía su mochila, o si se perdía ella? Tendría que llamar al embajador…
Lincoln parecía mucho más un pueblo que Omaha. Había cines y pequeñas tiendas repartidas por el pueblo. Cath pasó por delante de un restaurante Tailandés, y por delante del famoso Chipotle. Se paró a cotillear en una tienda de regalos, y olió todos aceites aromáticos. Había un Starbucks cruzando la acera. Se preguntó si era el de Levi, y, un minuto después, cruzaba la calle.
Por dentro era exactamente igual que el resto de Starbucks en los que ella había estado. Quizás con algunos consejos profesionales más. Y con Levi moviéndose por detrás de la barra, sonriendo por algo que alguien estaba diciendo en su cabeza.
Levi llevaba una camisa negra sobre una camiseta blanca. Parecía como si acabara de cortarse el pelo, más corto por atrás, pero aún en punta y cubriendo su frente. Gritó fuerte el nombre de alguien, y le tendió la bebida a un señor que parecía un profesor de violín retirado. Levi se paró a hablar con el señor. Porque era Levi, y era una necesidad biológica para él.
- ¿Estás en la cola? – le preguntó una señora a Cath.
- No, pase. – Pero después Cath decidió que quizás ella también debería ponerse en la cola. No es que hubiera venido a observar a Levi en la selva. No sabía qué estaba haciendo aquí.
- ¿Puedo ayudarte? – preguntó el chico de la caja registradora.
- No, no puedes – dijo Levi, empujando al chico a la otra caja. – Yo me encargo de ella – Él sonrió en la dirección de ella – Cather.
- Hola – dijo Cath, poniendo los ojos en blanco. Ella pensaba que él no la había visto.
- Mírate. Toda abrigada. ¿Qué es eso, jerséis de piernas?
- Son calentadores de piernas.
- Llevas por lo menos cuatro tipos diferentes de abrigos.
- Esto es una bufanda.
- Te ves acalorada y sudada.
- Vale, lo pillo – dijo ella.
- ¿Has venido solo a decir hola?
- No – dijo ella. Él frunció el ceño. Ella puso los ojos en blanco, otra vez – He venido para beber café.
- ¿Qué café quieres?
- Café solo, grande.
- Hace frío fuera. Déjame traerte algo bueno.
Cath se encogió de hombros. Levi cogió una taza y empezó a ponerle sirope por dentro. Ella se esperó en la parte de pedidos, al lado de la máquina.
- ¿Qué haces esta noche? – preguntó él – Deberías venir con nosotros. Creo que vamos a hacer una fogata. Reagan viene.
- Me voy a casa – dijo ella – a Omaha.
- ¿Sí? – Levi la miró sonriente. La máquina hizo un ruido irritante. – Tus pares deben estar felices de eso.
Cath volvió a encogerse de hombros. Levi cubrió el café con una capa de crema batida. Sus manos eran largas, y más delgadas que el resto de él, un poco huesudas, con unas uñas cortas y cuadradas.
- Que tengas un buen fin de semana – dijo él, dándole la bebida.
- No he pagado todavía. – dijo ella. Levi levantó sus manos.
- Por favor, me insultas.
- ¿Qué es esto? – ella tumbó ligeramente el vaso para ver lo que había dentro.
- Mi propia creación, Pumpkin Mocha Breve, con poco Mocha. No intentes pedírselo a nadie más, nunca estaría tan bueno.
- Gracias – dijo Cath. Él sonrió otra vez. Ella tomó un paso hacia atrás, hacia la puerta – Adiós – dijo ella. Levi se movió para atender a la siguiente persona, sonriendo tan ampliamente como siempre.



La que llevó a Cath a Omaha era una chica llamada Erin, que había puesto una nota en el baño diciendo que bajaba este fin de semana a Omaha. De lo único de lo que hablaba era e su novio, que aún vivía en Omaha, que probablemente le ponía los cuernos. Cath no podía esperar a estar en casa.
Sintió una ola de optimismo correr por su cuerpo cuando vio que alguien había cortado el césped de la entrada de casa. Alguien que podía quedarse despierto toda la noche haciendo montañas de puré de patatas, pero que de vez en cuando tenía la cabeza suficientemente lúcida como para cortar el césped.
No era que su padre fuera a hacer eso, lo de las montañas de puré de patatas. No era su estilo, en absoluto.
Una barra de incendios des del ático. Viajes con la excusa “O ahora o nunca”. Quedarse despierto 3 noches porque había descubierto un maratón de Batalla interestelar en Netflix… Ese era el estilo de su locura.
- ¿Papá?
La casa estaba oscura. Debería estar en casa. Dijo que volvería pronto del trabajo.
- Cath – él estaba en la cocina. Ella corrió hacia él para abrazarle. Él le devolvió el abrazo como él lo necesitaba. Cuando ella se apartó, él sonrió. Con los ojos rojos, y todo.
- Esto está oscuro – sijo ella. Su padre miró la habitación como si acabara de entrar ahí.
- Tienes razón – Él caminó por toda la primera planta, encendiendo luces. Cuando empezó con las lámparas de pie, Cath las apagó detrás de él. – Yo sólo estaba trabajando en algo… – dijo él.
- ¿Para el trabajo?
- Para el trabajo – aceptó él, encendiendo inconscientemente una lámpara que ella acababa de apagar. – ¿Qué te parecen los Gravioli?
- Me gustan, ¿es lo que hay hoy para cenar?
- No, es mi nuevo cliente.
- ¿Tenéis la marca Gravioli?
- Aún no. Está pendiente. ¿Qué te parece?
- ¿Los Gravioli?
- Sí… – Él presionó los dedos de su mano izquierda contra la palma de su mano.
- Me gusta la salsa y, uhm… ¿Los raviolis?
- ¿Y te hace sentir…?
- Llena.
- Eso es terrible, Cath.
- Uhm… ¿Feliz? ¿Indulgente? ¿Confortada? ¿Doblemente confortada porque estoy comiendo dos comidas confortantes en un solo plato?
- Quizás… – dijo él.
- Me hace preguntarme qué más quedaría bien con esta salsa.
- ¡Ja! – dijo él – Posible.
Él empezó a alejarse, y ella supo que estaba buscando su libreta de esbozos.
- ¿Qué vamos a cenar? – preguntó Cath.
- Lo que quieras – dijo él. Después se paró, y se giró para mirarla, como si acabara de recordar algo. – No. Día de tacos. ¿Día de tacos?
- Vale. Conduzco yo. Hace meces que no conduzco. ¿A qué puesto vamos? Vayamos a todos.
- Hay por lo menos 7 puestos de tacos, en un radio de dos kilómetros.
- Pues venga – dijo ella – quiero estar comiendo burritos des de ahora hasta el domingo por la mañana.
Comieron sus respectivos burritos y vieron la tele. Su padre estaba garabateando esbozos en su libreta, y Cath estaba en el ordenador. Wren debería estar aquí con su portátil, también, mandándole mensajes instantáneos en vez de hablar
Cath decidió mandarle un e-mail.
Ojalá estuvieras aquí. Se ve bien a papá. Creo que no ha lavado los platos des de que nos fuimos. Bueno, creo que no ha utilizado ningún plato, aparte de vasos, desde que nos fuimos. Pero está trabajando. Y no se ha roto nada. Y sus ojos están en su puesto, ¿me entiendes? Da igual. Nos vemos, el lunes.
Vigila. Intenta que nadie te engañe con cloroformo.”
Cath se fue a la cama a la una. Volvió a bajar a las 3 para asegurarse que la puerta principal estaba cerrada con llave; hacía eso a veces, cuando no podía dormir, cuando nada se sentía suficientemente bien o en su sitio.
Su padre había llenado el salón de papeles con titulares o esbozos. Él estaba dando tumbos por ahí, como si estuviera buscando algo.
- ¿A la cama? – dijo ella.
A sus ojos les costó un tiempo encontrarla.
- A la cama. – dijo él, sonriendo gentilmente.
Cuando ella bajó a las 5, él estaba en su habitación. Ella pudo oírle roncar.



Su padre ya se había ido cuando ella bajó por la mañana. Cath decidió hacer limpieza general. Los papeles en el salón estaban separados en secciones. “Cestos” lo llamaba él. Estaban pegados a la pared y a las ventanas. Algunos papeles estaban rotos en trocitos por el suelo. Cath miró por encima de todas las ideas, y cogió un boli verde para dibujar una estrellita en sus favoritas. Cath era verde, Wren era roja.
Verlo todo caótico pero, aun así, ordenador por categorías, hizo que ella se sintiera mejor.
Su padre era un poco maniático. Sus pocas manías pagaban las facturas, le despertaba por las mañanas, y le daba esa magia especial que tenía su padre, siempre que él la necesitaba.
Cath miró en la cocina. La nevera estaba vacía. El congelador lleno de comida del Comidas Sanas, y de trozos de pastel del Mari Callender’s. Ella llenó el lavaplatos de vasos cucharitas y tazas de café sucios.
El baño estaba bien. Cath miró dentro de la habitación de su padre, y cogió más vasos.  Había papeles por todas partes, y ni siquiera estaban apilados. Montones de cartas, la mayoría sin abrir, siquiera. Ella supuso que su padre lo escondió todo en su habitación antes de que ella llegara. No tocó nada, excepto los vasos.
Después puso en el microondas uno de los potes de Comidas Sanas, lo comió sobre el fregadero, y decidió volver a la cama.
Su cama en casa era mucho más suave de lo que ella recordaba. Y sus almohadas olían muy bien. Y ella había echado de menos todos los posters de Simon y Baz. Había un enorme recorte de Baz a tamaño real, dejando al descubierto sus colmillos y sonriendo, colgando de la parte superior de su cama. Se preguntó si Reagan lo toleraría en su habitación. Quizás dentro del armario de Cath.



Ella y su padre hicieron cada una de las comidas de ese fin de semana en un puesto de tacos diferente. Cath tomó carnitas y  barbacoa, al pastor e incluso lengua. Ella lo comía todo empapado en salsa verde de tomatillo.
Su padre trabajaba. Así que Cath trabajaba con él, escribiendo más palabras de Carry on de las que había escrito en semanas. El sábado por la noche, ella aún estaba despierta a la una de la madrugada, pero se fue a la cama de manera exagerada, de modo que su padre se fuera también.
Después se quedó despierta una o dos horas más, escribiendo.
Se sentía bien estar escribiendo en su propia habitación, en su propia cama. Perderse en el Mundo de Mages, y no intentar encontrarse. No escuchar ninguna voz en su cabeza, a parte de las de Simon y Baz. Ni siquiera la suya.  Esta era la razón por la que Cath escribía la fanfic. Por estas horas en las que ese mundo suplantaba el mundo real. Cuando ella podía sumergirse en los sentimientos de ellos como en una ola.
Cuando llegó la noche del domingo, toda la casa estaba cubierta de papeles con bocetos, y de envoltorios de burrito. Cath preparó otro lavaplatos lleno de vasos, y tiró toda la basura.
Se suponía que tenía que encontrarse con su acompañante en la parte Oeste de Omaha. Su padre la estaba esperando al lado de la puerta para llevarla, haciendo sonar las llaves del coche en su bolsillo.
Cath intentó quedarse con esta imagen de él para tranquilizarse después. Él tenía el pelo castaño claro, del mismo color que el de Cath y Wren. Lo tenía igual que ellas, grueso y liso. Tenía una nariz redonda, un poco más larga y ancha que las suyas. Y los ojos eran de todos y de ningún color, como los de ellas. Es como si él las hubiera tenido sólo. Como si los tres se hubieran copiado el mismo ADN.
Sería una foto mucho más tranquilizadora si él no pareciera tan triste. Sus llaves estaban golpeando su pierna muy fuerte.
- Estoy lista – dijo ella.
- Cath… – el tono de su voz hizo que el corazón de ella se hundiera – Siéntate, por favor. Hay algo que tengo que contarte. Es rápido.
- ¿Por qué me tengo que sentar? No quiero tener que sentarme.
- Sólo… – él señaló hacia la mesa del comedor – Por favor.
Cath se sentó sobre la mesa, intentando no aplastar ningún papel y desordenarlo todo.
- No quería guardarme esto… – dijo él.
- Sólo… Dilo – dijo Cath – Me estás poniendo nerviosa. – Mucho peor que nerviosa, su estómago había subido hasta su tráquea.
- He estado hablando con tu madre.
- ¿Qué? – Cath se habría sorprendido menos si le hubiera dicho que había hablado con un fantasma. O con el Yeti. – ¿Por qué? ¿Qué?
- No hemos hablado de nosotros– dijo rápidamente, como si supiera que la idea de ellos dos volviendo a estar juntos era una perspectiva horrorosa – Sobre ti.
- ¿Sobre mí?
- Tú y Wren.
- Para – dijo ella – No le hables a ella sobre nosotras.
- Cath… Es tu madre.
- No lo parece.
- Escucha, Cath, ni siquiera sabes qué te voy a decir. – Cath había empezado a llorar.
- Me da igual lo que me vayas a decir. – Su padre decidió que lo mejor sería seguir hablando.
- Le gustaría veros. Le gustaría conoceros un poco mejor.
- No.
- Cariño, ha pasado por mucho.
- No – dijo Cath – No ha pasado por nada – Era verdad. La madre de Cath nunca había estado ahí – ¿Por qué estamos hablando de ella?
Cath podía oír las llaves de su padre sonar en su bolsillo otra vez, golpeando la parte de debajo de la mesa. Ellos necesitaban a Wren ahora mismo. Wren no se ponía nerviosa. Ni lloraba. Wren no dejaría que él siguiera hablando sobre esto.
- Es vuestra madre – dijo él – Y creo que deberíais darle una oportunidad.
- Se la dimos. Al nacer. No quiero hablar más de esto – Cath se levantó demasiado rápido, y uno de los montones de papeles se derrumbó.
- Quizás podemos hablar de esto el Día de Acción de Gracias. – dijo él.
- Quizás podemos no hablar de esto del Día de Acción de Gracias, de modo que no arruinemos ese día. ¿Se lo dirás a Wren?
- Ya se lo dije. Le mandé un e-mail.
- ¿Y qué dijo?
- No mucho, que ya se lo pensaría.
- Bueno, yo no voy a pensármelo – dijo Cath – Ni siquiera puedo pensar sobre esto.
Se levantó de la mesa y empezó a recoger sus cosas, necesitaba algo con lo que mantener sus manos ocupadas. No debería haberles hablado de esto en separado. No debería haberles hablado de esto, en absoluto.




El viaje a la parte este de Omaha con su padre fue miserable. Y el viaje de vuelta a Lincoln fue aún peor.

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Vale, perdonad por tardar tanto en colgar algo nuevo. Estoy estudiando para las recuperaciones y casi no tengo tiempo de traducir. La semana que viene no voy a pode colgar porque son las fiestas de mi pueblo y bueno, voy a estar fuera todo el día. Intentaré colgar dos capítulos de aquí dos semanas. Comentad qué os parece la historia! ¿Qué pasará con la madre de Cath? Os quiero :3