Era imposible escribir así.
Para empezar, su habitación era demasiado pequeña. Un
diminuto rectángulo, sólo suficientemente amplio para una cama a cada lado de
la puerta (en realidad, cuando se abría la puerta de la habitación, chocaba
contra el final del colchón de Cath), y sólo suficientemente profunda para
apretujarse en un escritorio en cada lado entre las camas y las ventanas. Si
cualquiera de ellas hubiera traído un sofá, hubiera ocupado todo el espacio
libre entre las dos camas.
Ninguna de las dos había traído un sofá. O una
televisión. O una bonita lámpara del Target.
No parecía que Reagan hubiera traído nada personal, a
parte de su ropa y una tostadora completamente ilegal, y a parte de Levi, que
estaba estirado en su cama con los ojos cerrados, mientras Reagan aporreaba su
ordenador (que era un asqueroso PC, como el de Cath)
Cath estaba acostumbrada a compartir habitación, ella
siempre la había compartido con Wren. Pero su habitación en casa era casi tres
veces más grande que esta. Y Wren no ocupaba, ni de lejos, tanto espacio como Reagan.
Espacio figurativo. Espacio mental. Con Wren ni siquiera parecía que estuviera
acompañada.
Cath aún no estaba segura de qué hacer con Reagan…
Por una parte, Reagan no parecía interesada en estar toda
la noche despierta, peinando el pelo de la otra, y convirtiéndose en mejores
amigas para siempre. Eso era una suerte.
Por otro lado, Reagan no parecía interesada en Cath, en
absoluto. En realidad, esto también era una suerte. Reagan era aterradora.
Ella hacía todo con mucha fuerza. Cuando la puerta estaba
abierta, ella la cerraba de una patada. Era mayor que Cath, algo más alta y con
un pechos gigantes (en serio, gigantes). Ella parecía mayor. Por dentro
también.
Cuando Reagan estaba en la habitación, Cath intentaba
apartarse de su camino; intentaba no mantener contacto visual. Reagan hacía
como que Cath no estaba ahí, así que Cath hacía lo mismo. Normalmente esto
parecía funcionar para las dos. Pero justo en ese momento, hacer como que no
existía hacía que escribir fuera demasiado difícil.
Ella estaba en una escena difícil, Simon y Baz estaban
discutiendo sobre si los vampiros algún día serían realmente considerados
buenos, y también si ellos dos deberían ir a la fiesta de fin de curso juntos.
Se suponía que todo tenía que ser divertido, y romántico, y pensativo, que
normalmente eran las especialidades de Cath. (También era bastante buena en las
traiciones, y los dragones hablantes.)
Pero no podía ir más allá de “Simon apartó su pelo color miel de sus ojos, y suspiró.” Ella ni
siquiera podía hacer que Baz se moviera No podía dejar de pensar en Reagan y
Levi sentados detrás de ella. Su cerebro estaba en alerta por intrusos.
Además, se estaba muriendo de hambre. Cuando Reagan y
Levi fueran a comer, ella se comería un tarro entero de mantequilla de
cacahuete. Eso si ellos salían algún día de la habitación. Reagan seguía
aporreando el ordenador, como si fuera a travesar el escritorio, y Levi seguía
sin irse, y el estómago de Cath estaba empezando a gruñir.
Cogió una barrita energética y salió de la habitación,
pensando ir a dar una vuelta por el pasillo, para vaciar su cabeza. Pero el
pasillo era casi un centro de encuentro. Todas las puertas estaban
completamente abiertas, excepto la suya. Había chicas pululando por ahí,
hablando y riendo. Toda la planta olía a palomitas de microondas quemadas. Cath
entró en el servicio, y se sentó en uno de los baños, desenvolviendo su barrita
energética, y dejando driblar por su mejilla unas lágrimas nerviosas.
Dios, pensó. Dios. Vale.
Esto no está tan mal. En realidad no hay nada malo en esto. ¿Qué hay de malo,
Cath? Nada.
Se sentía encerrada ahí dentro. Rompiéndose. Y su
estómago estaba que ardía. Sacó su teléfono y se preguntó qué estaría haciendo
Wren ahora mismo. Probablemente coreografiando trozos de las canciones de Lady
Gaga. Probablemente probándose las camisetas de su compañera de habitación.
Probablemente no sentada en un baño, comiendo una barita energética de
almendra.
Cath podría llamar a Abel… Pero sabía que él se estaba
preparando para ir al festival de tecnología de Misuri de mañana por la mañana.
Su familia le haría una enorme fiesta de despedida, con tamales caseros, y los
yoyos de coco de su abuela, que eran muy especiales. Ni siquiera los vendían en
el negocio familiar. Abel trabajaba en la panadería, y su familia vivía encima.
Su pelo siempre olía a canela y a levadura… Jesús, Cath estaba hambrienta.
Ella tiró el envoltorio de la barrita energética en la
papelera de higiene femenina, y enjuagó su cara antes de regresar a su
habitación. Reagan y Levi se iban, gracias a Dios. ¡Finalmente!
- Nos vemos – dijo Reagan.
- Hasta luego – Levi sonrió.
Cath pensó que se iba a derrumbar cuando la puerta se
cerró detrás de ella. Cogió otra barrita energética, se enfiló en la vieja
silla de madera (empezaba a gustarle esta silla), y abrió un cajón para apoyar
sus pies. Y, finalmente, pudo escribir.
Selleck Hall era un edificio de habitaciones que estaba
justo en medio del campus. Podías comer ahí, incluso si no vivías ahí. Cath
normalmente esperaba en el vestíbulo a que Wren y Courtney llegara, para no
tener que entrar sola en la cafetería.
- Así que… ¿Cómo es tu compañera de habitación? Preguntó Courtney mientras pasaban por
delante de la sección de ensaladas. Lo preguntó cómo i ella y Cath fueran
amigas de toda la vida, como si Cath tuviera alguna idea de cómo es Courtney,
aparte de que le gustaba el queso de cabra con melocotón.
La sección de ensaladas era una farsa. Sólo había queso
de cabra con melocotón, con peras, o con queso cheddar.
- ¿Qué pasa con esto? – preguntó Cath, levantando un
cucharón de ensalada de riñón congelado con judías verdes.
- Quizás también es una de esas cosas de Nebraska Oeste.
– dijo Wren. – Hay chicos en nuestro edificio que llevan sombreros de cowboy, a
todas horas, incluso cuando sólo están paseando por el pasillo.
- Voy a buscar una mesa. – dijo Courtney.
- Eh, – Cath miró a Wren amontonando verduras en su plato
– ¿Alguna vez hemos escrito algún capítulo en el que Simon y Baz bailen?
- No me acuerdo – dijo Wren – ¿Porqué, estás escribiendo
una escena de baile?
- Un vals. Sobre las murallas.
- Romántico – Wren buscó a Courtney por todo el salón.
- Tengo miedo de estar haciendo a Simon un poco demasiado
cursi.
- Simon es cursi.
- Me gustaría que la leyeras – dijo Cath, siguiéndola
hacia su mesa.
- ¿No lo están leyendo todos los estudiantes de noveno
año de América del Norte? – Wren se sentó al lado de Courtney
- Y de Japón. – dijo Cath, sentándose – Soy extrañamente
famosa en Japón. – Courtney se inclinó hacia Cath, en picado, como si fuera a
contar un gran secreto.
- Cath, Wren me ha dicho que escribes una historia sobre
Simon Snow. Eso es muy guay. Soy una gran fan de Simon Snow. Leí todos los
libros cuando era pequeña.
- No se han terminado – dijo Cath escépticamente mientras
desenvolvía su Sándwich. Courtney cogió un poco de queso, sin pillar la
corrección. – Quiero decir, los libros no se han terminado. El octavo libro no
sale hasta el año que viene…
- Háblanos de tu compañera de habitación – dijo Wren,
sonriéndole planamente a Cath.
- No hay nada que contar.
- Pues invéntate algo.
Wren estaba irritada. Cosa que irritaba a Cath. Pero
después Cath pensó en lo contenta que estaba de comer comida que requería el
uso de cubiertos, y de hablar con alguien que no fuera desconocido, y decidió
hacer un esfuerzo con la brillante compañera de habitación de Wren.
- Su nombre es Reagan. Y tiene el pelo marrón rojizo… Y
fuma. – Courtney arrugó la nariz.
- ¿En tu habitación?
- No ha estado mucho en la habitación. – Wren parecía
desconfiada.
-¿No habéis hablado?
- Nos hemos dicho hola – dijo Cath – He hablado un poco
con su novio.
- ¿Cómo es su novio? – preguntó Wren.
- No sé, ¿alto?
- Bueno, sólo han pasado unos pocos días. Estoy segura
que llegarás a conocerla bien. – después Wren cambió de tema, para hablar de
algo que pasó en alguna fiesta en la que estuvieron Courtney y Wren. Sólo
habían estado viviendo juntas por dos semanas, y ya tenían un montón de bromas
internas que Cath no podía entender.
Cath comió su sándwich de pavo y dos porciones de patatas
fritas, y escondió otro sándwich en su bolso mientras Wren no le prestaba
atención.
Reagan finalmente pasó la noche en la habitación esa
noche. (Gracias a Dios, Levi no.) Se fue a la cama mientras Cath seguía
escribiendo en su ordenador.
- ¿Te molesta la luz? – preguntó Cath, apuntando a la
lámpara que estaba sobre su mesa – Puedo apagarla, si quieres.
- Estoy bien. – dijo Reagan.
Cath se puso los auriculares, para no oír los ruidos que
hacía Reagan al dormirse. Respiraciones. El movimiento de las sabanas. El
sonido de la cama.
¿Cómo puede dormirse así con una desconocida en la habitación? Se preguntó
Cath. Ella se sacó los auriculares cuando finalmente se hizo un ovillo en su
cama, y se tapó entera con la sábana.
- ¿Sigues sin hablar con ella? – preguntó Wren a la hora
de comer, la semana siguiente.
- Hablamos – dijo Cath – ella dice “¿Te importaría cerrar la ventana?” y yo digo “Ningún problema.” También intercambiamos holas. A veces incluso dos
por día.
- Esto empieza a ser raro – dijo Wren. Cath removió su
puré de patatas.
- Me estoy acostumbrando a esto.
- Sigue siendo raro.
- ¿En serio? – preguntó Cath – ¿Vas a empezar a hablar
sobre cómo no me relaciono con mi compañera de habitación? – Wren suspiró.
- ¿Y qué tal con su novio?
- Hace unos días que no le veo.
- ¿Qué harás este fin de semana?
- Deberes, supongo. Y escribiré un poco de Simon y Baz.
- Courtney y yo vamos a una fiesta esta noche.
- ¿Dónde?
- ¡En la casa Triángulo! – dijo Courtney del mismo modo
que dirías “¡La mansión Playboy!” si
fueras un pervertido.
- ¿Qué es la casa Triángulo? – preguntó Cath.
- Es una hermandad de ingenieros. – dijo Wren.
- ¿Y les gusta emborracharse y construir puentes?
- Ellos se emborrachan y diseñan puentes. ¿Quieres venir?
- Nah. – Cath cogió un poco de carne de ternero y patatas
asadas, que siempre era la comida que había los domingos por la noche en el bar
de Selleck Hall. – Empollones borrachos, no me va.
- Te gustan los empollones.
- No los empollones que están en hermandades. – dijo Cath
– Hay una enorme subclase de empollones en la que no estoy interesada.
- ¿Le hiciste firmar una promesa de sobriedad a Abel
antes de que se fuera a Misuri?
- ¿Abel es tu novio? – preguntó Courtney – ¿Es mono? –
Cath la ignoró.
- Abel no se volverá alcohólico. No puede tolerar la
cafeína.
- Eso no tiene lógica.
- Sabes que no me gustan las fiestas, Wren.
- Y tú sabes lo que dice papá, tienes que probarlo antes
de decir que algo no te gusta.
- ¿En serio? ¿Estás usando a papá para llevarme a la
fiesta de una hermandad? He ido a fiestas. Hubo esa en casa de Jesse, con el
tequila.
- ¿Probaste el tequila?
- No, pero tú sí, y yo ayudé a limpiarte el vómito. –
Wren sonrió con nostalgia y alisó las arrugas en su frente.
- Cuando bebes tequila es más importante lo que haces,
que dónde acabas.
- Me llamarás – dijo Cath – ¿Verdad?
- ¿Si vomito?
- Si necesitas ayuda.
- No necesitaré ayuda.
- Pero, ¿me llamarás?
- Dios, Cath. Sí.
Relájate, ¿quieres?