Ahora Cath tiene que decidir si esta preparada para abrir su corazón a nueva gente y nuevas experiencias, y se está dando cuenta de que con el amor se aprende mucho más de lo que ella hubiera creído posible...

26 jun 2014

TRES.

Era imposible escribir así.
Para empezar, su habitación era demasiado pequeña. Un diminuto rectángulo, sólo suficientemente amplio para una cama a cada lado de la puerta (en realidad, cuando se abría la puerta de la habitación, chocaba contra el final del colchón de Cath), y sólo suficientemente profunda para apretujarse en un escritorio en cada lado entre las camas y las ventanas. Si cualquiera de ellas hubiera traído un sofá, hubiera ocupado todo el espacio libre entre las dos camas.
Ninguna de las dos había traído un sofá. O una televisión. O una bonita lámpara del Target.
No parecía que Reagan hubiera traído nada personal, a parte de su ropa y una tostadora completamente ilegal, y a parte de Levi, que estaba estirado en su cama con los ojos cerrados, mientras Reagan aporreaba su ordenador (que era un asqueroso PC, como el de Cath)
Cath estaba acostumbrada a compartir habitación, ella siempre la había compartido con Wren. Pero su habitación en casa era casi tres veces más grande que esta. Y Wren no ocupaba, ni de lejos, tanto espacio como Reagan. Espacio figurativo. Espacio mental. Con Wren ni siquiera parecía que estuviera acompañada.
Cath aún no estaba segura de qué hacer con Reagan…
Por una parte, Reagan no parecía interesada en estar toda la noche despierta, peinando el pelo de la otra, y convirtiéndose en mejores amigas para siempre. Eso era una suerte.
Por otro lado, Reagan no parecía interesada en Cath, en absoluto. En realidad, esto también era una suerte. Reagan era aterradora.
Ella hacía todo con mucha fuerza. Cuando la puerta estaba abierta, ella la cerraba de una patada. Era mayor que Cath, algo más alta y con un pechos gigantes (en serio, gigantes). Ella parecía mayor. Por dentro también.
Cuando Reagan estaba en la habitación, Cath intentaba apartarse de su camino; intentaba no mantener contacto visual. Reagan hacía como que Cath no estaba ahí, así que Cath hacía lo mismo. Normalmente esto parecía funcionar para las dos. Pero justo en ese momento, hacer como que no existía hacía que escribir fuera demasiado difícil.
Ella estaba en una escena difícil, Simon y Baz estaban discutiendo sobre si los vampiros algún día serían realmente considerados buenos, y también si ellos dos deberían ir a la fiesta de fin de curso juntos. Se suponía que todo tenía que ser divertido, y romántico, y pensativo, que normalmente eran las especialidades de Cath. (También era bastante buena en las traiciones, y los dragones hablantes.)
Pero no podía ir más allá de “Simon apartó su pelo color miel de sus ojos, y suspiró.” Ella ni siquiera podía hacer que Baz se moviera No podía dejar de pensar en Reagan y Levi sentados detrás de ella. Su cerebro estaba en alerta por intrusos.
Además, se estaba muriendo de hambre. Cuando Reagan y Levi fueran a comer, ella se comería un tarro entero de mantequilla de cacahuete. Eso si ellos salían algún día de la habitación. Reagan seguía aporreando el ordenador, como si fuera a travesar el escritorio, y Levi seguía sin irse, y el estómago de Cath estaba empezando a gruñir.
Cogió una barrita energética y salió de la habitación, pensando ir a dar una vuelta por el pasillo, para vaciar su cabeza. Pero el pasillo era casi un centro de encuentro. Todas las puertas estaban completamente abiertas, excepto la suya. Había chicas pululando por ahí, hablando y riendo. Toda la planta olía a palomitas de microondas quemadas. Cath entró en el servicio, y se sentó en uno de los baños, desenvolviendo su barrita energética, y dejando driblar por su mejilla unas lágrimas nerviosas.
Dios, pensó. Dios. Vale. Esto no está tan mal. En realidad no hay nada malo en esto. ¿Qué hay de malo, Cath? Nada.
Se sentía encerrada ahí dentro. Rompiéndose. Y su estómago estaba que ardía. Sacó su teléfono y se preguntó qué estaría haciendo Wren ahora mismo. Probablemente coreografiando trozos de las canciones de Lady Gaga. Probablemente probándose las camisetas de su compañera de habitación. Probablemente no sentada en un baño, comiendo una barita energética de almendra.
Cath podría llamar a Abel… Pero sabía que él se estaba preparando para ir al festival de tecnología de Misuri de mañana por la mañana. Su familia le haría una enorme fiesta de despedida, con tamales caseros, y los yoyos de coco de su abuela, que eran muy especiales. Ni siquiera los vendían en el negocio familiar. Abel trabajaba en la panadería, y su familia vivía encima. Su pelo siempre olía a canela y a levadura… Jesús, Cath estaba hambrienta.
Ella tiró el envoltorio de la barrita energética en la papelera de higiene femenina, y enjuagó su cara antes de regresar a su habitación. Reagan y Levi se iban, gracias a Dios. ¡Finalmente!
- Nos vemos – dijo Reagan.
- Hasta luego – Levi sonrió.
Cath pensó que se iba a derrumbar cuando la puerta se cerró detrás de ella. Cogió otra barrita energética, se enfiló en la vieja silla de madera (empezaba a gustarle esta silla), y abrió un cajón para apoyar sus pies. Y, finalmente, pudo escribir.

Selleck Hall era un edificio de habitaciones que estaba justo en medio del campus. Podías comer ahí, incluso si no vivías ahí. Cath normalmente esperaba en el vestíbulo a que Wren y Courtney llegara, para no tener que entrar sola en la cafetería.
- Así que… ¿Cómo es tu compañera de habitación?  Preguntó Courtney mientras pasaban por delante de la sección de ensaladas. Lo preguntó cómo i ella y Cath fueran amigas de toda la vida, como si Cath tuviera alguna idea de cómo es Courtney, aparte de que le gustaba el queso de cabra con melocotón.
La sección de ensaladas era una farsa. Sólo había queso de cabra con melocotón, con peras, o con queso cheddar.
- ¿Qué pasa con esto? – preguntó Cath, levantando un cucharón de ensalada de riñón congelado con judías verdes.
- Quizás también es una de esas cosas de Nebraska Oeste. – dijo Wren. – Hay chicos en nuestro edificio que llevan sombreros de cowboy, a todas horas, incluso cuando sólo están paseando por el pasillo.
- Voy a buscar una mesa. – dijo Courtney.
- Eh, – Cath miró a Wren amontonando verduras en su plato – ¿Alguna vez hemos escrito algún capítulo en el que Simon y Baz bailen?
- No me acuerdo – dijo Wren – ¿Porqué, estás escribiendo una escena de baile?
- Un vals. Sobre las murallas.
- Romántico – Wren buscó a Courtney por todo el salón.
- Tengo miedo de estar haciendo a Simon un poco demasiado cursi.
- Simon es cursi.
- Me gustaría que la leyeras – dijo Cath, siguiéndola hacia su mesa.
- ¿No lo están leyendo todos los estudiantes de noveno año de América del Norte? – Wren se sentó al lado de Courtney
- Y de Japón. – dijo Cath, sentándose – Soy extrañamente famosa en Japón. – Courtney se inclinó hacia Cath, en picado, como si fuera a contar un gran secreto.
- Cath, Wren me ha dicho que escribes una historia sobre Simon Snow. Eso es muy guay. Soy una gran fan de Simon Snow. Leí todos los libros cuando era pequeña.
- No se han terminado – dijo Cath escépticamente mientras desenvolvía su Sándwich. Courtney cogió un poco de queso, sin pillar la corrección. – Quiero decir, los libros no se han terminado. El octavo libro no sale hasta el año que viene…
- Háblanos de tu compañera de habitación – dijo Wren, sonriéndole planamente a Cath.
- No hay nada que contar.
- Pues invéntate algo.
Wren estaba irritada. Cosa que irritaba a Cath. Pero después Cath pensó en lo contenta que estaba de comer comida que requería el uso de cubiertos, y de hablar con alguien que no fuera desconocido, y decidió hacer un esfuerzo con la brillante compañera de habitación de Wren.
- Su nombre es Reagan. Y tiene el pelo marrón rojizo… Y fuma. – Courtney arrugó la nariz.
- ¿En tu habitación?
- No ha estado mucho en la habitación. – Wren parecía desconfiada.
-¿No habéis hablado?
- Nos hemos dicho hola – dijo Cath – He hablado un poco con su novio.
- ¿Cómo es su novio? – preguntó Wren.
- No sé, ¿alto?
- Bueno, sólo han pasado unos pocos días. Estoy segura que llegarás a conocerla bien. – después Wren cambió de tema, para hablar de algo que pasó en alguna fiesta en la que estuvieron Courtney y Wren. Sólo habían estado viviendo juntas por dos semanas, y ya tenían un montón de bromas internas que Cath no podía entender.
Cath comió su sándwich de pavo y dos porciones de patatas fritas, y escondió otro sándwich en su bolso mientras Wren no le prestaba atención.

Reagan finalmente pasó la noche en la habitación esa noche. (Gracias a Dios, Levi no.) Se fue a la cama mientras Cath seguía escribiendo en su ordenador.
- ¿Te molesta la luz? – preguntó Cath, apuntando a la lámpara que estaba sobre su mesa – Puedo apagarla, si quieres.
- Estoy bien. – dijo Reagan.
Cath se puso los auriculares, para no oír los ruidos que hacía Reagan al dormirse. Respiraciones. El movimiento de las sabanas. El sonido de la cama.
¿Cómo puede dormirse así con una desconocida en la habitación? Se preguntó Cath. Ella se sacó los auriculares cuando finalmente se hizo un ovillo en su cama, y se tapó entera con la sábana.

- ¿Sigues sin hablar con ella? – preguntó Wren a la hora de comer, la semana siguiente.
- Hablamos – dijo Cath – ella dice “¿Te importaría cerrar la ventana?”  y yo digo “Ningún problema.” También intercambiamos holas. A veces incluso dos por día.
- Esto empieza a ser raro – dijo Wren. Cath removió su puré de patatas.
- Me estoy acostumbrando a esto.
- Sigue siendo raro.
- ¿En serio? – preguntó Cath – ¿Vas a empezar a hablar sobre cómo no me relaciono con mi compañera de habitación? – Wren suspiró.
- ¿Y qué tal con su novio?
- Hace unos días que no le veo.
- ¿Qué harás este fin de semana?
- Deberes, supongo. Y escribiré un poco de Simon y Baz.
- Courtney y yo vamos a una fiesta esta noche.
 - ¿Dónde?
- ¡En la casa Triángulo! – dijo Courtney del mismo modo que dirías “¡La mansión Playboy!” si fueras un pervertido.
- ¿Qué es la casa Triángulo? – preguntó Cath.
- Es una hermandad de ingenieros. – dijo Wren.
- ¿Y les gusta emborracharse y construir puentes?
- Ellos se emborrachan y diseñan puentes. ¿Quieres venir?
- Nah. – Cath cogió un poco de carne de ternero y patatas asadas, que siempre era la comida que había los domingos por la noche en el bar de Selleck Hall. – Empollones borrachos, no me va.
- Te gustan los empollones.
- No los empollones que están en hermandades. – dijo Cath – Hay una enorme subclase de empollones en la que no estoy interesada.
- ¿Le hiciste firmar una promesa de sobriedad a Abel antes de que se fuera a Misuri?
- ¿Abel es tu novio? – preguntó Courtney – ¿Es mono? – Cath la ignoró.
- Abel no se volverá alcohólico. No puede tolerar la cafeína.
- Eso no tiene lógica.
- Sabes que no me gustan las fiestas, Wren.
- Y tú sabes lo que dice papá, tienes que probarlo antes de decir que algo no te gusta.
- ¿En serio? ¿Estás usando a papá para llevarme a la fiesta de una hermandad? He ido a fiestas. Hubo esa en casa de Jesse, con el tequila.
- ¿Probaste el tequila?
- No, pero tú sí, y yo ayudé a limpiarte el vómito. – Wren sonrió con nostalgia y alisó las arrugas en su frente.
- Cuando bebes tequila es más importante lo que haces, que dónde acabas.
- Me llamarás – dijo Cath – ¿Verdad?
- ¿Si vomito?
- Si necesitas ayuda.
- No necesitaré ayuda.
- Pero, ¿me llamarás?
- Dios, Cath. Sí. Relájate, ¿quieres?